martes, 7 de septiembre de 2021

El país de las aves, un documental para Colombia y el mundo

 Los primeros resultados y el lanzamiento del proyecto científico “Expediciones Bio: alas, cantos y colores” serán dados a conocer el próximo miércoles 8 de septiembre en este documental, presentado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, junto con el Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y el Instituto Alexander von Humboldt.

Las expediciones, que recorren los mismos lugares históricos que visitaron hace más de un siglo ornitólogos del Museo Americano de Historia Natural, realizan muestreos de aves para entender sus cambios en el tiempo. Las localidades visitadas están en Fusagasugá –camino real entre La Aguadita, los Robles y el Peñón–, Honda (Tolima) –en el área de bosque seco de la Hacienda El Triunfo–, San Agustín (Huila), Morelia y Florencia (Caquetá), y por último en Barbacoas (Nariño).

“Estos cinco sitios fueron muy bien estudiados hace más de un siglo por los ornitólogos americanos, y ahora volvemos para realizar un estudio completo de las aves, con una metodología moderna y datos de alta calidad que nos permiten inferir los cambios que se han dado en la avifauna: cuáles especies se han extinguido y cuáles son nuevas para el territorio, y así determinar los impactos de la deforestación y de los cambios del clima en la rica avifauna colombiana”.

Así lo explica el profesor Andrés Cuervo, director de la Colección de Ornitología del ICN y coordinador científico de las expediciones, quien menciona que los cambios hallados en los lugares que ya se han recorrido son grandes.

Agrega que “a principios del siglo XX varios de estos sitios tenían bosques continuos, casi intactos, con poblaciones humanas muy pequeñas, atravesados por caminos reales con raíces en la Colombia prehispánica; hoy todo es diferente, por eso el estudio también busca mostrar los cambios genéticos en las poblaciones de aves, cambios invisibles en su biología”.

Trabajo con las comunidades

“Las expediciones tienen además un fuerte componente social, liderado por el Instituto Alexander von Humboldt, ya que se trabaja directamente con las comunidades, y con biólogos y ambientalistas que habitan estas regiones, con lo cual se propicia un fuerte intercambio de conocimientos de aves, territorios, y de la historia misma de la región”, detalla el docente de la UNAL.

Con el proyecto también se espera potenciar estos sitios para actividades como el turismo de naturaleza, y fortalecer la Colección de Ornitología del ICN.

En el proyecto participan los profesores Daniel Cadena, de la Universidad de los Andes; Felipe Estela, de la Universidad Javeriana de Cali, institución a la cual también perteneció Gustavo Kattan, otro de los investigadores, recientemente fallecido; y un equipo del Instituto Alexander von Humboldt, del cual forman parte Juliana Soto, Nelsy Niño, Camila Gómez, Jessica Díaz, Andrés Sierra y Natalia Ocampo, entre otros.

Así mismo, el proyecto cuenta con el acompañamiento del Museo Americano de Historia Natural, con sus ornitólogos Brian Smith y Glenn Seeholzer, este último actual becario Fulbright en la UNAL. Además colaboran la Universidad de Cornell, egresados del programa de Biología, y un sinnúmero de ornitólogos de las regiones.

Según recuerda el curador de ornitología del ICN, hasta el momento se han visitado cuatro de los cinco sitios de la expedición financiada por Minciencias, en los cuales se ha recopilado todo tipo de información y datos que luego serán analizados para establecer los cambios en las poblaciones de aves a lo largo del último siglo. Precisamente en el último de estos recorridos el equipo científico estuvo acompañado por periodistas de The New York Times, para la publicación de un amplio reportaje sobre este importante trabajo.

El documental de 15 minutos que se empezará a difundir este miércoles desde Minciencias, recoge la historia del proyecto, la participación de ornitólogos extranjeros y detalla por qué Colombia es líder mundial en diversidad de aves.

Ver el reel del documental en: https://www.youtube.com/watch?v=e8uTLWKd9so&ab_channel=InstitutoHumboldt






viernes, 27 de agosto de 2021

Poder político influiría en toma de decisiones que afectan el ambiente

 Las personas que tienen un mayor poder político, y en particular aquellas que tienen una mejor posición económica, tendrían una tendencia más marcada a elevar las cuotas de extracción de bienes públicos –recursos mineros e hídricos, entre otros– a la hora de tomar decisiones socioambientales en una comunidad, pese al deterioro ambiental que estas ocasionen.

Así lo evidencia un experimento económico realizado por Daniel Niño Eslava, magíster en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), el cual pretendía analizar de qué manera las personas toman decisiones sobre cómo gestionar un recurso, teniendo en cuenta la desigualdad económica y política.

Con este ejercicio se dio a conocer cómo se comporta la gente en contextos de desigualdad cuando tienen que tomar decisiones ambientales, con el fin de tener una idea más clara de lo que se debe hacer para que las instituciones públicas funcionen correctamente y se mejoren sus resultados.

“Tomamos como referencia algunos antecedentes para mirar cómo las personas tomaban decisiones sobre cómo gestionar un recurso, por lo que intentamos replicarlo en esta prueba piloto, teniendo como novedad la desigualdad política y económica en el grupo de estudio. En este caso, la desigualdad económica tenía que ver con las dotaciones que poseía cada persona y cómo las usaba para afectar o no el medioambiente”, explica el magíster.

Experimento piloto

El estudio consistió en una prueba piloto que contó con la participación de 39 personas, por medio de la cual se encontró que la desigualdad política sí tiene un efecto en los resultados ambientales, sobre todo cuando el poder lo tienen los más ricos o los más pobres.

Los participantes debían tomar decisiones sobre cuánto extraer de un bien público y debían escoger de manera colectiva una cuota máxima de extracción.

“Normalmente esas actividades experimentales se realizan en un laboratorio, pero en nuestro caso decidimos hacerlo de forma virtual organizando a las personas en grupos de tres. A cada una de ellas se le dio una dotación de cantidades particulares y distintas entre sí de determinado bien público –una mina de oro o un yacimiento petrolero, por ejemplo– y se les preguntaba qué parte de esa dotación querían invertir para un proyecto muy rentable a nivel individual, pero que generaba costos o consecuencias a nivel colectivo; la otra opción era la de invertir en un proyecto con poca ganancia individual, pero que no afectaría a nadie”.

Según el magíster, con esa actividad se capturaba el conflicto de intereses entre el individuo y lo colectivo, que terminaba siendo el fondo del conflicto al momento de tomar decisiones ambientales.

En un segundo estudio los participantes debían ponerse de acuerdo en instaurar una cuota máxima de lo que se podía invertir en ese proyecto que implicaba costos grupales. “Ahí teníamos varios escenarios: uno de ellos era que, al momento de elegir el tope máximo de inversión, todos tendrían la oportunidad de votar equitativamente; en otro, la persona más rica del grupo o quien tenía la dotación más alta tenía un mayor valor en la votación y se hacía lo que él o ella dijera. Y en el tercer escenario, se le daba el poder político a quien tuviera la dotación intermedia o la de menor cantidad”.

En este caso, quien tuviera el poder político tenía la capacidad de influir en la política ambiental, a través de la cuota máxima de extracción pudiendo darse desde una elección más democrática, o particular, dependiendo de la cantidad de recurso que tuviera el líder político.

El investigador advierte que como este tipo de experimentos económicos suelen ser incentivados por dinero real, para que las personas sientan que tienen pérdidas y ganancias tangibles, recomienda que esta investigación pueda ser ampliada a más individuos, en la que se pueda explorar, por ejemplo, qué tiene que ver la percepción del mérito para que cambie ese comportamiento 
 




miércoles, 18 de agosto de 2021

Luz y color al oído, para entender mejor estos fenómenos

 En una aventura sonora, Marga y Santi compartirán en podcast su experiencia con las ondas electromagnéticas, el proceso de la visión de los colores a través del ojo, el arcoíris, la interacción de la luz con la materia que origina los colores del cielo, los atardeceres, amaneceres, las nubes, el color en dos especies de mariposas y en los animales que se camuflan.

Aunque la radiación electromagnética es un fenómeno que el ser humano ha normalizado, el podcast “Luz y Color” de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira invita a conocer y recordar por qué el ojo humano logra verlo.

“¿Qué sería de nosotros sin las ondas electromagnéticas?” le pregunta Marga a Santi –dos jóvenes curiosos que buscan respuestas a fenómenos naturales– en el primer episodio de este podcast que se lanzará este miércoles 18 de agosto en las plataformas de Radio UNAL.

La luz visible, aquella que está conformada por los colores del arco iris, es la que nos permite ver los objetos y es una parte del espectro de las ondas electromagnéticas.

“¿Y si además de contemplar los colores del arcoíris y las mariposas nos aventuramos a conocer por qué los vemos y por qué ocurren?… entonces podremos tener la certeza de un disfrute más pleno”.

Esta fue la propuesta de la profesora Ana Cecilia Agudelo, de la Facultad de Ingeniería y Administración de la UNAL Sede Palmira, directora del proyecto.

Lo que buscan los expertos con este proyecto es “acercar al público general al universo de las maravillas de la luz y el color e invitarlos a ir un poco más allá de la observación e iniciarse en una comprensión básica de estos fenómenos naturales, especialmente a estudiantes de primaria y secundaria”.

Aventura sonora

El radioescucha se transportará a una historia narrada en diversos escenarios de la naturaleza, y a través de esta se sentirá como otro de los personajes que acompañan a Marga y Santi en su viaje de preguntas.

“A ellos les interesa mucho observar la naturaleza, el mundo que los rodea. Se ven en diferentes situaciones en las que se dan cuenta de que los seres humanos vivimos inmersos en los fenómenos de la luz y el color, entonces se hacen preguntas y formulan búsquedas para lograr acercarse a un conocimiento básico”, explica la docente Agudelo.

Esta aventura sonora se divide en 6 capítulos: 1) las ondas electromagnéticas, 2) el proceso de la visión de los colores a través del ojo; allí los personajes también compararán la visión   humana con la visión tecnológica, 3) el arcoíris, 4) la interacción de la luz con la materia que origina los colores del cielo, los atardeceres, amaneceres y las nubes; 5) el color en dos especies de mariposas y 6) comprensión del color en los animales que se camuflan.

Los guiones fueron el producto de un grupo de estudio liderado por la profesora Agudelo y conformado por la doctora en Física Beatriz Londoño Flórez y los profesores Efraín Solarte Rodríguez y Juan Carlos Granada Echeverri del Departamento de Física de la Universidad del Valle. En los episodios sobre la visión y los animales que se expresan con colores participó además la oftalmóloga Diana Marcela Libreros Arango.

Con las moralejas de los personajes y la iniciación en la comprensión, los radioescuchas se sorprenderán de la ciencia que hay en la luz y el color, y probablemente querrán saber más por su propia cuenta.


Laboratorio de aprendizaje

La docente comenta que aunque este producto surge durante su año sabático para ejecutar 4 proyectos de divulgación, los expertos ya lo venían planeando desde hace un tiempo.

Desde el miércoles 18 de agosto y cada 15 días se publicará un capítulo, que además “conforma una experiencia de curso inicial de laboratorio de aprendizaje en cómo divulgar la ciencia. Y, como en todo trabajo experimental, queremos aprender a partir de los resultados, ya sean aciertos o desaciertos”, señala la docente Agudelo.

El próximo año ella espera contar con espacios para acercarse a grupos de personas interesadas y colegios para realizar conversatorios a partir de las preguntas que surjan de los episodios.

Para más obtener más información, escuchar el programa y leer sus guiones en inglés y español, puede entrar a podcastradio.unal.edu.co, donde próximamente la UNAL Sede Palmira lanzará el segundo episodio de “Luz y Color”.





miércoles, 28 de julio de 2021

Monte Azul, un nuevo hallazgo arqueológico en Sabaneta

 Hace 2.000 años hubo un asentamiento humano en este municipio vecino de Medellín, en lo que hoy se conoce como la vereda La Holanda, que al parecer mejoró las condiciones del suelo para cultivar.

El hallazgo de este nuevo sitio arqueológico, conocido como Monte Azul, se estableció por medio de pruebas de carbono 14 y una combinación de técnicas de micromorfología, física y química de suelos.

“Existe evidencia arqueológica de una vivienda y de manipulación de las condiciones naturales del suelo que no era muy apto para la agricultura. Ellos (quienes habitaban ahí) mezclaron materia orgánica con otros elementos para mejorar las condiciones de los suelos, y en las laderas más cercanas hicieron una especie de cultivos escalonados que seguramente sostenían la vivienda”.

Así lo reveló el antropólogo Andrés Godoy, magíster en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, y uno de los responsables del proyecto.

“Ente hallazgo es llamativo porque aunque en el Valle de Aburrá –la zona geográfica en la que se asientan Sabaneta y Medellín– hay evidencia de más de 10.000 años de plantas no domesticadas, hasta ahora no se habían encontrado pruebas de suelos manipulados por humanos para cultivo”, subraya.

Los investigadores le dieron prioridad al análisis del suelo, más allá de los elementos arqueológicos encontrados –como piezas de cerámica y herramientas en piedra–, pues es la zona más intervenida por la actividad humana. Para entender lo que pasó en el suelo hicieron análisis físicoquímicos y una reconstrucción paleoambiental del momento de la ocupación, con evidencia paleobotánica.

Con esos insumos pudieron identificar fitolitos (restos biomineralizados de origen vegetal) similares a los del maíz y otras plantas de su género. “No podemos identificar exactamente qué cultivaban, pero los fitolitos que encontramos también están en plantas de consumo humano como maíz, ají y papa”, agregó el arqueólogo Godoy.

En el suelo también encontraron evidencia química de la actividad humana, como grasas asociadas con la cocción, fosfatos que indican presencia de materia orgánica en descomposición, heces fecales de animales y humanos, e incluso carbohidratos que indican un manejo de plantas ricas en azúcares, que corresponden a los alimentos más consumidos durante la época prehispánica.

El profesor Juan Carlos Loaiza Úsuga, del Departamento de Geociencias de la Facultad de Minas de la UNAL, explicó que esos acercamientos a la química del suelo son el principal aporte  de esta investigación, pues la mayor parte de la actividad arqueológica se concentra en la recolección de artefactos y restos cerámicos.

“Más del 90 % de la información de registro arqueológico está en el suelo y en sedimentos asociados con estos artefactos. Gracias a ese estudio de suelos y a las evidencias ambientales pudimos ir más allá en la interpretación de las condiciones de vida en el sitio”, comentó el docente.

La evidencia encontrada en el sitio les permitió a los investigadores inferir que Monte Azul fue habitado por 2 o 3 generaciones, probablemente de 1 o 2 familias, durante un siglo. Cabe anotar que, según otras investigaciones, en esa época el Valle de Aburrá tenía poblados dispersos, sin centralidad ni jerarquías, en los que los mismos pobladores se ocupaban de su alimentación y realizaban actividades complementarias como alfarería, explotación de ojos de sal y orfebrería.

En el sitio arqueológico también se encontraron instrumentos e insumos que incluyen cuencos, vasijas, platos y figuras de uso ritual; así mismo había fragmentos con impresión de cestería, un volante de huso (una especie de peso para el hilado de algodón y fibras textiles), un fogón con fragmentos cerámicos en las paredes (probablemente con la intención de hacerlo refractario y conservar el calor), metates, manos de moler, navajas y cuchillos en piedra.

Esos elementos siguen en custodia de los investigadores y de la Corporación SIPAH (entidad sin ánimo de lucro dedicada a la investigación, gestión y promoción de los valores socioculturales y del entorno natural), que ya adelanta gestiones para saber si los pueden entregar a la Casa de la Cultura local o si existe la posibilidad de crear un museo arqueológico en la zona.

 






viernes, 16 de julio de 2021

Sensores inalámbricos detectarían a tiempo incendios forestales

 Un modelo de sensores detectaría los incendios forestales de manera temprana y oportuna evitando desastres ecológicos en pajonales y frailejones del páramo de Sumapaz, el más grande del mundo, ubicado en el extremo sur del casco urbano de Bogotá.

Según el balance presentado por la Delegación Departamental de Bomberos de Cundinamarca, entre enero y febrero de 2020 se presentaron 61 incendios forestales, y una de las zonas más afectadas fue el páramo de Sumapaz.

Encontrar un nuevo modelo capaz de atender este tipo de emergencias, frente a los contextos biológicos, geográficos, políticos y sociales del páramo de Sumapaz, fue el trabajo de estudio del ingeniero electrónico Gian Carlo Cuesta, magíster en Ingeniería de Sistemas y Computación de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).


El investigador menciona que, en relación con los incendios forestales, uno de los principales objetivos en todo el mundo es detectarlos en sus etapas iniciales, cuando aún son controlables y no han causado tanto daño sobre el medioambiente.

Agrega que “la principal problemática es que muchos se originan en áreas remotas difíciles de visualizar, por lo que cuando estos se identifican ya han consumido una cantidad significativa de vegetación”.

Explica además que “cuanto más avanza un incendio, más difícil es controlarlo; de hecho, para apagar las llamas de un incendio forestal que se originó hace un minuto se requiere 1 litro de agua, dos minutos requieren 100 litros y diez minutos requieren más de 1.000 litros, por lo que es esencial evitar la propagación de un incendio”.

Control de incendios y búsqueda de nuevas tecnologías

El magíster señala que recopilando información sobre el páramo identificó varios aspectos que no se habían considerado a la hora de buscar un modelo de detención de incendios forestales.

“Por ejemplo no se tiene el acompañamiento adecuado por parte de las instituciones gubernamentales y tampoco unas políticas establecidas para el uso de tecnologías en las zonas rurales”.

Así mismo, las entidades correspondientes señalan que el uso de nuevas tecnologías en el sector rural apunta únicamente hacia la conectividad de internet.

El sistema que propone con su trabajo de maestría se puede instaurar en las zonas más vulnerables y la cobertura puede ir aumentando progresivamente.

Lo más usado en el mundo

Las tecnologías más usadas para la detectar incendios son cuatro: observación humana (guardabosques con torres de observación), sistema satelital, sistemas ópticos y sensores inalámbricos.

Para su investigación, el magíster comparó estas cuatro alternativas y encontró que las de redes de sensores inalámbricos ofrecen buenos resultados si se tiene en cuenta que funcionan con pequeños dispositivos ubicados en diferentes zonas, lo que permite recopilar información diversa como temperatura, humedad, presión, humo y condiciones del aire; además, tiene un sistema híbrido –con cámaras– para evitar falsas alarmas.

Sensores inalámbricos

El sistema propuesto por el ingeniero Cuesta funciona cuando, a partir de la información recolectada, uno o varios sensores detectan que se podría estar produciendo un incendio. Este envía una alarma a la central y las cámaras enfocan la zona para comprobar si en efecto se está dando. Con la doble verificación se puede remitir la señal de ayuda a los organismos de emergencia, en este caso los bomberos.

Este trabajo es un punto de partida para que más adelante un colectivo interdisciplinario pueda implementarlo exitosamente en el páramo.






martes, 6 de julio de 2021

Retorno a clases sí, pero gradualmente

 Lo ideal sería que el próximo 15 de julio, tal y como lo ha establecido el Ministerio de Educación, el retorno a clases en los colegios públicos del país sea por fases, es decir, una primera semana preescolar, a la siguiente primaria, después secundaria, etc.

Así lo afirmó Julián de Zubiría, director del Instituto Alberto Merani, durante la reciente sesión de “#LeerparaConstruir, conversaciones que ayudan a entender la crisis”, organizada por la Editorial de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en el marco de las actividades de la iniciativa Convergencia por Colombia.

Para el pedagogo, “el regreso a clases presenciales requiere más planeación: la ministra de Educación se equivocó al establecer esta condición para todos los colegios el mismo día, lo cual puede ser delicado”.

Agrega que el retorno debe ser gradual, progresivo y muy seguro, y para esto último se necesita de la participación activa de profesores y padres de familia o acudientes.

“La educación presencial la necesitan no solo los niños, sino también los profesores y las madres; una de cada tres mamás perdió su empleo en parte porque ellas son quienes cuidan a los hijos”.

El profesor Moisés Wasserman, exrector de la UNAL, señaló que “indudablemente la presencialidad es fundamental. Uno de los problemas más serios de este año y medio es que ha habido un ahondamiento en la inequidad y un aumento en la brecha entre quienes tienen acceso a internet y los que no lo tienen o es limitado”, reiteró.

En su opinión, dicho rezago requiere de una época de recuperación y restauración. Además, aparte de los niños que tienen dificultades para el acceso –alrededor del 40 % en las zonas urbanas y entre el 0 y 20 % en las áreas rurales–, también “hay que tener en cuenta a los niños y jóvenes que tienen dificultades académicas y que normalmente requieren un apoyo para superar la falta de comprensión de un problema específico en matemáticas o ciencias; en este momento ellos se encuentran en una inmensa desventaja”, aseguró.

A su turno, la profesora Luz Arabany Ramírez, del Departamento en Informática y Computación de la UNAL Sede Manizales, dijo que la virtualidad ha hecho manifiestas las diferencias entre los estudiantes.

“Aún en un mismo salón con dificultades todos éramos iguales, pero ahora existen además las dificultades para la conexión por calidad en la señal o por el espacio desde el cual se conectan, como por ejemplo la sala de su casa, donde además está su familia. La presencialidad permite trabajar con ellos en igualdad de condiciones”.


En países como Colombia, para que los hijos de los pobres abandonen la pobreza se requieren 11 generaciones,

 Los expertos coinciden en que la interacción con los compañeros es fundamental, a veces incluso más importante que con los maestros.

Gente instruida

“La educación es la que nos hace humanos”, afirma con contundencia el profesor Wasserman y agrega: “somos humanos porque tenemos la educación”.

En relación con el papel de la educación en Colombia, mencionó que “el objetivo es tener gente instruida capaz de desarrollar sus capacidades, de vivir pacíficamente, de forma positiva; si logramos hacerlo tendremos una buena sociedad, una buena economía y un óptimo desarrollo. La educación debe formar individuos íntegros”.


 Para el profesor De Zubiría, “la educación cambia la vida de una persona: cuando los hijos de familias de escasos recursos acceden a educación superior cambian los proyectos de vida de ese grupo familiar; a esto se le denomina movilidad social: la educación es la llave maestra para que los hijos de los pobres no estén condenados a la pobreza”.

“Desafortunadamente en Colombia eso no pasa; para que los hijos de los pobres abandonen la pobreza se requieren, según los cálculos del Banco Mundial, 11 generaciones. Esto pasa porque el país no cuenta con una buena educación básica pública”.

“La educación cambia la vida, pero la muy buena educación transforma sociedades, de ahí que ninguna sociedad en el siglo XX salió adelante sin hacer transformaciones educativas”, concluye el maestro De Zubiría.






sábado, 3 de julio de 2021

Buenas prácticas sociales y ambientales garantizan sostenibilidad

 Ahorrar agua en los procesos industriales, mantener la responsabilidad social con los empleados y lograr un impacto positivo en las comunidades corporativas y externas son acciones que forman parte de las estrategias empresariales para apuntarle a la sostenibilidad.


“Aquellas compañías que no se preocupen por generar un impacto positivo en su relación con el tema ambiental y las comunidades no perdurarán en el tiempo y eso se evidencia en sus cifras financieras”.

Así lo asegura el economista Eduardo Sánchez, magíster en Economía de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y gerente de Finanzas Corporativas y Riesgos del Grupo Argos, en el marco de la charla “ASG y financiamiento sostenible”, que forma parte del ciclo de conferencias “Conversaciones que Construyen”, promovido por la UNAL y este grupo empresarial.

La preocupación de las compañías por proteger el medioambiente se evidencia en su robustez económica, su valor de mercado en las bolsas de valores y en sus cifras de sostenibilidad, las cuales arrojan menores riesgos para los inversionistas debido a su rol de equilibrio con su parte social y económica, que asegura su permanencia en el tiempo, y por ende menores riesgos.

Por su parte Camilo Abello, director senior de Sostenibilidad del Grupo Argos, destaca que una de sus principales motivaciones empresariales ha sido transformar vidas tomando recursos naturales y financieros, y empleando el recurso más importante: el capital humano de la compañía.

En ese sentido, asegura que “la compañía no se centra en generar utilidades sino en cómo hacerlas, y por eso se busca ejercer los fundamentos de un capitalismo consciente, brindando utilidad a los accionistas pero impactando positivamente en las comunidades y así poder perdurar en el tiempo”.

Al describir la estrategia de sostenibilidad de esta compañía, menciona que está sustentada en 3 pilares fundamentales: inversión consciente (invertir en negocios que contribuyan a la solución de retos globales y aseguren aumento de valor en el largo plazo), operación responsable (transformar los capitales de una manera equilibrada, minimizando los riesgos negativos) y prácticas de vanguardia (desarrollar soluciones innovadoras)

Visión desde la academia

Según el profesor de la UNAL Jorge Mario Ramírez, investigador de la Institución, desde la comunidad global surge la idea de que problemas como el calentamiento global, la pérdida de biodiversidad y la desigualdad, entre otros, son de perspectiva, es decir que se deben revisar las formas mismas en que los individuos piensan el mundo y el papel que cumplen en este.

“Desde la Facultad de Ingeniería de la Universidad se emplea otro tipo de visión, y es aquella que los pensadores denominan ‘cosmovisión sistémica del mundo’, que busca la sustentabilidad de la vida en los territorios, entendiendo como vida a todos los organismos que componen el planeta, y como territorio al espacio que los alberga”.

Según el docente, el reto que se propone con esta visión es crear nuevas formas; por ejemplo en el caso de la ingeniería, de entender, diseñar, construir y mantener comunidades en las que los sistemas económicos y sociales (y la infraestructura que los soportan) no vayan en detrimento de la capacidad inherente de los territorios para sustentar la vida.

“Este concepto busca crear conexiones significativas con la historia natural de los territorios, la sabiduría colectiva de las comunidades que los habitan y el conocimiento de los patrones, procesos y flujos necesarios para mantener la vida en ellos”, señala.