jueves, 24 de septiembre de 2026

Calor bajo tierra podría generar energía y ayudar a secar café y cacao en zonas rurales

 Bajo los suelos de una zona de la cordillera Central, entre Caldas, Tolima y Risaralda, hay una fuente de energía que no depende del sol, del viento ni de que los embalses estén llenos; es el calor de la Tierra. En 6 municipios de estos departamentos, investigadores estudiaron fuentes termales de hasta 80 °C y desarrollaron y probaron tecnologías para aprovechar ese calor en la generación de electricidad, el secado de café y cacao y la calefacción de viviendas e instalaciones rurales.

El estudio, liderado desde el Centro de Desarrollo Tecnológico Innterfaz de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, abarcó Manizales, Villamaría y La Dorada (Caldas); Murillo y Mariquita (Tolima), y Santa Rosa de Cabal (Risaralda).

Allí, un equipo de más de 50 profesionales y estudiantes de áreas como física, geología e ingeniería trabajó en la caracterización del territorio y en alternativas para aprovechar este recurso en actividades rurales.


l trabajo se concentró en la llamada geotermia de baja entalpía, que aprovecha fuentes de calor cercanas a la superficie y de menor temperatura. En lugar de buscar las altas temperaturas requeridas por las grandes centrales geotérmicas, el interés está en utilizar ese calor directamente en procesos que demandan menos energía, como la calefacción, el secado de productos agrícolas y, en determinadas condiciones, la generación de electricidad a pequeña escala.

Del calor bajo tierra a soluciones para el campo

Los municipios estudiados tienen actividad volcánica y presencia de aguas termales. Para conocer cómo se comporta el calor bajo tierra, el equipo analizó rocas y aguas, imágenes satelitales y datos recogidos por drones equipados con cámaras térmicas. Al integrar estos resultados con modelos del subsuelo establecieron cómo se distribuye el calor y en qué lugares tendría posibilidades de aprovechamiento.

En esta etapa no se hicieron perforaciones para extraer el recurso. El estudio buscó establecer dónde se concentra, cómo se distribuye y qué usos podría tener. Experiencias similares ya existen en otros países para calefacción, agua caliente, secado de productos e invernaderos.

A partir de esa caracterización y de las necesidades productivas identificadas en la región, el equipo diseñó y probó cuatro tecnologías para establecer cómo podrían adaptarse a las condiciones de estos territorios.

Una de ellas son las baterías térmicas, capaces de almacenar el calor para utilizarlo después, por ejemplo durante la noche para mantener calientes espacios productivos o en procesos como el secado de café y cacao.

La segunda aprovecha la diferencia entre el agua dulce y el agua termal para producir electricidad. Una membrana muy delgada mantiene separadas las dos aguas y la diferencia en la concentración de sales genera un movimiento y una presión que pueden utilizarse para accionar una turbina. En este caso, la energía no proviene de una caída de agua, sino de esa diferencia de salinidad.

Las bombas de calor geotérmicas, por su parte, aprovechan que a pocos metros de profundidad el suelo mantiene una temperatura más estable que en la superficie. Mediante un sistema de tuberías, ese calor puede trasladarse hasta viviendas u otros espacios sin necesidad de quemar leña o gas. Esta tecnología ya se utiliza en otros países y también ha sido probada de manera incipiente en Colombia.

La cuarta alternativa busca darle más de un uso a una misma fuente de calor. Si después de un primer proceso el agua conserva suficiente temperatura, esta puede aprovecharse nuevamente para secar café, cacao o frutas. Así se utilizaría mejor el recurso y se reduciría el consumo de combustibles como la leña.

Una alternativa para diversificar la energía

La posibilidad de aprovechar el calor bajo tierra cobra relevancia en un país en el que el 53,4 % de la capacidad instalada de generación eléctrica es hidráulica, según la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME). Durante los periodos secos, la menor disponibilidad de agua puede afectar el aporte de las hidroeléctricas, mientras la generación solar y eólica depende de la disponibilidad de sol y viento.

En ese escenario, la geotermia no se plantea como sustituta de estas fuentes, sino como un complemento que, en los lugares con condiciones adecuadas, permitiría disponer de calor de manera constante y, en algunos casos, producir electricidad a pequeña escala.

“El calor del subsuelo es un recurso continuo; mientras las fuentes hídricas pueden bajar en sequía, la Tierra sigue entregando su energía día y noche. Por eso la geotermia de baja temperatura es una alternativa real para diversificar la matriz energética del país”, explica Jhonattan de la Roche Yepes, doctor en Ingeniería - Ciencia y Tecnología de Materiales e investigador del proyecto.

El agua preocupa a las comunidades

El proyecto también llevó la discusión sobre la geotermia a las comunidades de las zonas estudiadas. En encuentros y talleres, los habitantes conocieron las tecnologías propuestas y plantearon sus propias preocupaciones sobre lo que podría significar intervenir un territorio marcado por la actividad volcánica y la abundancia de agua.

En la vereda Nereidas, en la parte alta de Villamaría, las principales inquietudes estuvieron relacionadas con una eventual contaminación o disminución de los nacimientos de agua, el posible fracturamiento del subsuelo en una zona sísmicamente activa y los impactos que las tecnologías podrían tener sobre las actividades agrícolas y ganaderas.

La preocupación por el agua no es menor, ya que en las zonas estudiadas se encuentran afluentes de la cuenca alta del río Chinchiná, como los ríos Claro y Molinos, en Caldas; fuentes hidrotermales relacionadas con los ríos Lagunilla, Gualí y Recio, en Tolima, y la cuenca del río Otún, en Risaralda.

“Cuando le explicamos a las comunidades que no íbamos a hacer perforaciones invasivas y que el agua de sus nacimientos no se iba a contaminar ni a gastar, la acogida fue muy positiva”, señala De la Roche Yepes.

En estos territorios, actividades como los cultivos de papa, cebolla y frutales de clima frío, la ganadería de leche y el turismo ecológico forman parte de la economía rural. Por eso, entre los usos explorados están el secado de cosechas, la climatización de invernaderos y alternativas para disminuir el consumo de combustibles en viviendas y actividades productivas.

La investigación, que culminaría a finales de 2026, es dirigida por Elisabeth Restrepo Parra, profesora titular y directora de Innterfaz. El proyecto fue financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y la Agencia Nacional de Hidrocarburos, con participación de la Corporación Autónoma Regional de Caldas y la empresa Gestión & Medio Ambiente S.A.S.

Uno de sus resultados será una base de información sobre el potencial geotérmico de los seis municipios estudiados. La UNAL también entregará materiales de divulgación y guías técnicas que puedan servir como insumo para incorporar el aprovechamiento del calor cercano a la superficie en proyectos y planes de desarrollo regional.

“Queremos entregar insumos claros para que las instituciones y los municipios piensen en la geotermia somera como un pilar clave en sus planes de desarrollo”, concluye el investigador.

 






lunes, 14 de septiembre de 2026

Mujeres indígenas replantean los roles de género desde sus saberes y su palabra

 ¿Quién cuida el fuego, prepara los alimentos o toma la palabra cuando una comunidad decide sobre su futuro? Mujeres indígenas de distintos pueblos amazónicos están llevando estas preguntas a la maloca para hablar de los roles que han heredado, las barreras que enfrentan para participar y los cambios que también involucran a los hombres. Saberes como la partería, el tejido, el manejo de la chagra y las plantas medicinales hacen parte de esta conversación.

En la Maloca Casa Hija de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, mujeres de diferentes comunidades se reúnen para poner en común sus experiencias y conocimientos, pero también para revisar aquellas normas sociales que durante generaciones han marcado qué tareas corresponden a mujeres y hombres y quiénes participan en las decisiones.

La iniciativa “Voces invisibles, voces no oídas” es impulsada por Clara Isabel Ávila Ramos, estudiante de la Maestría en Estudios Amazónicos de la UNAL. El punto de partida son las voces y los conocimientos de las propias mujeres sobre la vida comunitaria, aunque los hombres también entran en una conversación que cuestiona cómo se distribuyen las responsabilidades, los cuidados y los espacios de participación.

“Buscamos que la palabra de la mujer sea escuchada y que este espacio en la universidad quede abierto para futuras charlas, donde se transmitan saberes tradicionales como la partería y el tejido de canastos”, explica la investigadora.

En la maloca, la conversación pasa de la palabra a prácticas y conocimientos concretos: partería, plantas medicinales, chagra y tejidos, pero también a las experiencias de las mujeres y a las condiciones que favorecen o restringen su participación en las decisiones familiares, comunitarias y políticas.

De la palabra a la participación

Para Tránsito Rodríguez, Kiñedekago —“La Flor de la Piña”—, sabedora Muinane del clan Piña, estos encuentros reúnen las voces de mujeres de distintos pueblos alrededor de conocimientos transmitidos de generación en generación.

“Aquí no vamos a ver ni clanes, ni colores, ni raza, aquí vamos a hablar de palabra de la mujer. Que la palabra de la mujer es fría, es dulce, es tranquila, ella da la paz al mundo”, afirma. Para ella, esa palabra puede reunirse “en un solo canasto, en una sola mochila” para ser compartida con otras mujeres.

Cambiar los roles también implica a los hombres

La discusión no se queda en abrir nuevos espacios para las mujeres. También pregunta qué tendrían que transformar los hombres para que esa participación sea posible. Uno de los resultados de los encuentros permite verlo: un mural colectivo en el que los roles cotidianos empiezan a cambiar.

En la obra aparecen la maloca, el fuego, los alimentos, los tejidos, la chagra, las plantas medicinales, la partería y el abuelo que mambea. Junto a ellos, los hombres preparan alimentos y cuidan el fuego, labores tradicionalmente asociadas con las mujeres.

Para Ana María Vargas, profesora de Sociología del Derecho de la Universidad de Lund (Suecia), quien acompaña el proceso, el mural permite hacer visible las normas sociales que determinan lo que se espera de mujeres y hombres.

“Las normas sociales son las expectativas de lo que nosotros debemos ser como mujeres o como hombres”, enfatiza.

Desde su perspectiva, el arte puede contribuir a imaginar otras formas de relacionamiento. “La mujer en el centro toma la palabra, pero para que esto cambie se necesita que el hombre también cambie. Se necesita que el hombre cuide del fuego, cuide de los alimentos”, señala la docente. Así, el mural traduce en imágenes una conversación que busca cuestionar aquello que durante generaciones se ha asumido como establecido.

Los tejidos elaborados por las participantes también hacen parte de esta construcción colectiva. Ivonne Maritza Chota Meléndez, integrante del resguardo indígena San Sebastián de los Lagos, destaca cómo estos saberes permiten reunir a mujeres de diferentes comunidades:

“Estaremos hablando sobre tejidos que elaboramos con nuestras manos, madres indígenas de los resguardos, diferentes resguardos. Hoy es un encuentro muy bello en esta maloca”.

En la Maloca Casa Hija los conocimientos transmitidos tradicionalmente en las familias entran en diálogo con la academia, mientras la investigación participativa permite que las propias comunidades intervengan en la discusión de los problemas que las atraviesan.

La iniciativa cuenta con la participación del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri) de la UNAL, la Fundación ICLD y la Universidad de Lund. El trabajo también indaga por las barreras que enfrentan las mujeres indígenas para participar políticamente y pone sus experiencias en diálogo con las de comunidades de otros territorios, entre ellas las de Panajachel, Guatemala.

Según Sergio Lesmes, antropólogo del Iepri, una de las apuestas es que la conversación tenga continuidad después de los encuentros. “Estamos averiguando cuáles son las barreras y las dificultades que tienen las mujeres para poder participar políticamente”, explica. El propósito, añade, es “dejar este espacio como un legado, como un espacio vivo para que las mujeres de Leticia, de la Universidad y de las comunidades alrededor puedan seguir encontrándose para poder pensarse el futuro juntas”.





jueves, 10 de septiembre de 2026

Herramienta de datos orienta decisiones de la Universidad Nacional de Colombia tras el terremoto

 Identificar qué integrantes de una comunidad universitaria podrían estar relacionados con los territorios afectados por una emergencia requiere cruzar miles de registros y convertirlos rápidamente en información útil. Una herramienta desarrollada por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) permitió establecer que 8.960 de sus estudiantes proceden de municipios con amenaza sísmica alta, ubicados en los departamentos priorizados después del terremoto del 10 de agosto.

El tablero les ofrece a las directivas y dependencias autorizadas información organizada por sede, facultad, programa académico, departamento y municipio de procedencia. Con estos datos pueden delimitar la población que debe ser consultada, realizar acercamientos y orientar sus decisiones a partir de las necesidades que encuentren.

La cifra no significa que los 8.960 estudiantes hayan sido afectados ni que todos requieran apoyo. La herramienta tampoco sustituye el contacto directo con ellos. Su aporte consiste en reducir un universo de más de 55.000 registros y señalar por dónde podrían comenzar las acciones de las direcciones académicas y de bienestar.

Desarrollado por la Oficina de Planeación y Estadística de la UNAL Sede Bogotá, el tablero forma parte de una apuesta institucional por aprovechar los datos disponibles para responder preguntas concretas y apoyar la toma de decisiones.

“Empezamos a construir tableros de información que permitan ayudar a la toma de decisiones a partir de la información estadística”, explica Geraldo Millán Cuervo, jefe de Planeación de la Sede Bogotá.

Tres fuentes para delimitar la información

Para construir la herramienta se partió de la base preliminar de estudiantes matriculados durante el primer semestre de 2026, suministrada por la Dirección Nacional de Planeación y Estadística. Esta información se cruzó con los departamentos incluidos en el Decreto 1171 del 11 de agosto de 2026 y con la clasificación municipal del Reglamento Colombiano de Construcción Sismorresistente, conocido como NSR-10.

El decreto declaró por doce meses la situación de desastre nacional en Antioquia, Caldas, Cauca, Chocó, Quindío, Cundinamarca, Risaralda, Huila, Valle del Cauca, Tolima, Putumayo y Norte de Santander, además de los demás territorios que resultaran afectados.

La medida se tomó después del terremoto de magnitud 7,4, ocurrido el 10 de agosto a las 7:34 de la mañana, con epicentro en San José del Palmar, Chocó. Los reportes preliminares incluidos en el decreto daban cuenta de afectaciones en 330 municipios y señalaban que las capacidades de algunas administraciones territoriales habían sido desbordadas.

Una vez establecidos los departamentos, se identificaron sus municipios clasificados por la NSR-10 con amenaza sísmica alta. La norma contempla tres niveles, alta, intermedia y baja. En esta primera aproximación se eligió el nivel alto para obtener un grupo más acotado y útil para la respuesta inicial de la Universidad.

“Es un tablero de aproximación de información. Por eso no hay encuestas, sino que partimos de la información que tenemos”, señala Millán.

El cruce permitió pasar de una base de 55.261 matriculados a 8.960 estudiantes procedentes de los municipios seleccionados. De los registros disponibles, 155 no incluyen departamento ni municipio de procedencia.

Del dato general a posibles acciones

La herramienta permite aplicar filtros por sede, facultad, programa, nivel de formación, género, modalidad de admisión, estrato y lugar de procedencia. Este último corresponde al departamento, municipio o ciudad que el estudiante registró como su procedencia y no necesariamente al lugar donde nació o estudia actualmente.

Así, un estudiante matriculado en Bogotá, Medellín o Palmira puede conservar vínculos familiares y económicos con alguno de los territorios afectados. Conocer esta relación les permite a las dependencias universitarias establecer contactos más focalizados y comprender mejor las consecuencias que la emergencia podría tener sobre su vida académica.

Cada sede determina las acciones que puede desarrollar a partir de los datos. Entre ellas se encuentran el envío de comunicaciones, la programación de llamadas y la consulta directa sobre las condiciones de los estudiantes y sus familias.

La información no define de antemano qué debe hacerse ni clasifica a los estudiantes como damnificados. Permite saber a quiénes consultar para que las decisiones posteriores respondan a situaciones verificadas.

“Cada particularidad es distinta”, advierte Millán. Las necesidades de una Sede con más de 3.000 estudiantes incluidos en el tablero pueden ser muy diferentes de las de otra que registra unas pocas decenas.

Manizales es la Sede con el mayor número de estudiantes identificados, con 3.949. Le siguen Palmira con 2.345, Bogotá con 1.360 y Medellín con 1.217. En Tumaco se registran 58, en Amazonia 28, en La Paz 2 y en Orinoquia 1.

Por facultades, Ingeniería y Arquitectura de Manizales reúne 2.125 estudiantes. Ingeniería y Administración de Palmira registra 1.371, Administración de Manizales 1.168 y Ciencias Agropecuarias de Palmira 811.

Caldas encabeza los departamentos de procedencia con 3.530 estudiantes, seguido por Valle del Cauca con 2.375, Putumayo con 603, Cauca con 567 y Antioquia con 519.

En el nivel municipal, Manizales presenta la mayor cifra con 2.757 estudiantes. Después aparecen Villamaría con 332, Chinchiná con 126 y Riosucio con 73.

Una apuesta por decidir con evidencia

El tablero desarrollado después del terremoto forma parte de un conjunto de herramientas creadas por la Oficina de Planeación y Estadística para organizar, analizar y aprovechar la información institucional.

“Nuestra principal fuente de datos, indudablemente, es la Dirección Nacional de Planeación, que proporciona el dato oficial en muchos de los campos”, destaca Millán.

Entre los desarrollos se encuentran Sede en Cifras, Indicadores Estratégicos, Sede en Contexto, OPData y la plataforma de registro de informes de gestión. Estas herramientas permiten consultar tendencias históricas, comparar información entre facultades, relacionar variables y hacer seguimiento a diferentes procesos universitarios.

Otras, como la creada después del terremoto, cruzan bases institucionales con fuentes externas para responder a una necesidad específica.

“Todas estas herramientas buscan apoyar a las diferentes dependencias y a los tomadores de decisiones para que encuentren los datos que necesitan”, asegura el jefe de Planeación.




lunes, 3 de agosto de 2026

Antiguo Ferrocarril de Caldas vuelve a recorrer el Eje Cafetero en un mapa colaborativo

 Aunque el Ferrocarril de Caldas dejó de funcionar hace décadas, cientos de sus vestigios permanecen dispersos por el Eje Cafetero. Ahora una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) los reúne en un mapa colaborativo construido junto con las comunidades para preservar su memoria e impulsar su valoración.

Aunque el Ferrocarril de Caldas dejó de funcionar hace décadas, cientos de sus vestigios permanecen dispersos por el Eje Cafetero. Ahora una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) los reúne en un mapa colaborativo construido junto con las comunidades para preservar su memoria e impulsar su valoración.

A su vez, la arquitecta Tatiana Rivera Pabón, investigadora principal del proyecto y egresada de la UNAL Sede Bogotá, señala que “esta investigación recoge varios años de trabajo sobre patrimonio industrial cafetero, iniciado desde el pregrado y consolidado durante mi formación en maestría y doctorado”.

Ese recorrido llevó al equipo a plantear una mirada distinta sobre el patrimonio ferroviario. Más que concentrarse en las estaciones, la investigación propone reconocer túneles, puentes, campamentos, caminos, paisajes y comunidades como parte de un mismo sistema territorial.

“Quisimos mostrar, junto con las comunidades que habitan la banca de la antigua línea de Caldas, que este camino histórico cumple con las condiciones para ser un itinerario cultural. Por eso construimos con ellas un inventario participativo que busca impulsar su valoración y uso recreativo y turístico”, señala la investigadora Rivera.

Esa propuesta también se construyó en el territorio con el trabajo de la arquitecta Heidy Vanesa Núñez Naeder, estudiante de la Maestría en Arquitectura de la UNAL Sede Manizales.

Al proceso se sumaron el programa de Gestión Cultural de la Sede y el estudiante Juan Camilo Ortiz Ardila, quien participó como asistente de investigación y apoyó el desarrollo de los talleres con las comunidades.

Los niños también cartografiaron la historia

Para la arquitecta Núñez, uno de los principales aportes del proyecto fue demostrar que los túneles, campamentos y caminos, así como las comunidades que crecieron alrededor de la línea férrea también forman parte de esa memoria colectiva.

“Buscamos desarrollar un proyecto junto con las comunidades que habitan esta línea para entender qué elementos quedan del ferrocarril y qué servicios se pueden encontrar, con el fin de plantear un corredor que permita poner en valor la antigua vía férrea”, anota.

Durante más de un año, el equipo recorrió 6 municipios del Eje Cafetero y realizó talleres con habitantes, docentes, familias y estudiantes. En total participaron más de 400 personas de 9 instituciones educativas de Pereira, Dosquebradas, Santa Rosa de Cabal, Chinchiná, Villamaría y Manizales.

Uno de los primeros encuentros reunió en Dosquebradas a cerca de 100 niños de entre 5 y 7 años, experiencia que luego sirvió para consolidar la metodología aplicada en los demás municipios.

Los niños se convirtieron en protagonistas de la investigación. Uno de los ejercicios consistió en dibujar el recorrido entre sus casas y la escuela identificando los lugares que reconocen en su vida cotidiana.

“Ellos identificaban los caminos por donde pasan todos los días: un árbol, una panadería, una quebrada… A partir de esos recorridos les mostrábamos que muchos de esos lugares coinciden con el antiguo trazado del ferrocarril”, relata la joven investigadora.

Esos mapas permitieron identificar no solo vestigios ferroviarios, sino también elementos naturales y paisajísticos del territorio. El equipo sistematizó esa información y la incorporó a la plataforma digital, convirtiendo a los niños en participantes activos de la construcción del mapa colaborativo.

“El ejercicio que mejor funcionó fue pedirles a los niños que mapearan el recorrido entre su casa y la escuela. A partir de esa experiencia fue posible relacionar sus trayectos cotidianos con el antiguo trazado del ferrocarril y recuperar información que luego alimentó el mapa colaborativo”, explica la investigadora Rivera.

Para ella uno de los mayores logros del proyecto es que la plataforma se seguirá enriqueciendo con el aporte de la ciudadanía; “la idea es que las personas puedan recorrer la antigua línea, registrar lo que encuentren, tomar fotografías y aportar esa información al mapa para que el patrimonio se siga documentando”.

Además del mapa interactivo, la plataforma ofrece una guía del itinerario y otros recursos cartográficos elaborados durante la investigación para facilitar el reconocimiento del antiguo Ferrocarril de Caldas.

La plataforma surge del proyecto “Encarrilando el paisaje cafetero: itinerario cultural por el corredor ambiental del Ferrocarril de Caldas”, desarrollado mediante la convocatoria “Orquídeas: Mujeres en la Ciencia”, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.






 




miércoles, 22 de julio de 2026

Tres vestigios lleva a la pantalla historias que rescatan el patrimonio cultural del país

 Este documental de Televisión UNAL reúne tres investigaciones desarrolladas en las Sedes Palmira, Manizales y Medellín para mostrar cómo contribuye la ciencia a recuperar, preservar y divulgar el patrimonio cultural colombiano. La producción se estrenará este 22 de julio a las 6:00 p. m. en la Cinemateca de Bogotá, con entrada libre y un conversatorio con algunos de los investigadores participantes.

Las tres historias que componen el documental Tres vestigios recorren distintos territorios del país y muestran los esfuerzos de investigadores de la de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) por proteger el patrimonio arqueológico, recuperar antiguos sistemas de transporte y rescatar caminos históricos que forman parte de la memoria cultural de Colombia.

Uno de esos relatos se remonta a la década de 1990, cuando el hallazgo accidental de piezas de oro en la Hacienda Malagana, en el Valle del Cauca, desencadenó un episodio de guaquería que ocasionó la pérdida de gran parte del patrimonio arqueológico de esta cultura precolombina.

Sin embargo, investigaciones adelantadas por el Instituto para la Investigación y la Preservación del Patrimonio Cultural y Natural del Valle del Cauca (Inciva) y la UNAL Sede Palmira han permitido reconstruir parte de la historia de la cultura Malagana, cuyos orígenes se remontarían al año 300 a. C.

Como parte de este trabajo, integrantes del Grupo de Investigación Ergonomía y Sustentabilidad de la UNAL Sede Palmira, liderados por las profesoras Adriana Castellanos y Eliana Castro, trabajan junto con el Inciva en la caracterización de piezas de orfebrería de la cultura Malagana con el propósito de divulgar este patrimonio mediante una publicación dirigida al público general.

Del patrimonio arqueológico a la memoria de la ingeniería

Otro de los relatos recogidos en Tres vestigios se traslada al antiguo sistema del Cable Aéreo que conectó a Manizales con Mariquita y que marcó un hito de la ingeniería y el transporte en Colombia durante la primera mitad del siglo XX.

Aunque hoy el Cable no existe, una alianza entre la UNAL Sede Manizales y la Universidad de Caldas trabaja en la caracterización de las antiguas estaciones para aportar a su reconocimiento como patrimonio cultural.

El propósito de este trabajo es contribuir a recuperar la memoria de esta obra de ingeniería y abrir nuevas posibilidades para proyectos de turismo cultural. En ella participan, entre otros investigadores, los profesores Diego Andrés Álvarez Marín, del Departamento de Ingeniería Civil; Juan Manuel Sarmiento Nova, de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo, y David Molina Castaño, del Departamento de Ciencias Humanas de la UNAL Sede Manizales.

La tercera historia conduce al oriente antioqueño. Allí, inspirado en obras como La marquesa de Yolombó, de Tomás Carrasquilla, y Viaje a pie, de Fernando González, el profesor José Lubín Torres recorre antiguos caminos del departamento para rescatar su valor histórico y cultural.

A esta iniciativa se han sumado organizaciones camineras que trabajan en la recuperación y conservación de estos caminos del siglo XIX y de la colonización antioqueña, promoviendo así su apropiación y el desarrollo de proyectos de turismo cultural.






viernes, 26 de junio de 2026

Astrónomo de la UNAL lideró misión de la NASA que captó tres explosiones solares

 El físico Juan Camilo Buitrago Casas, magíster en Astronomía de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), lideró el lanzamiento de un cohete de la NASA que logró captar simultáneamente tres fulguraciones solares de baja intensidad. El hito permitirá entender mejor cómo se originan estas explosiones y mejorar las tecnologías que vigilan la actividad del Sol.

La misión se desarrolló en el marco del programa The Focusing Optics X-ray Solar Imager (Foxsi), dedicado a estudiar la actividad solar mediante telescopios especializados en rayos X.

El cohete despegó el pasado 14 de mayo desde la base Poker Flat Research Range, en Fairbanks (Alaska), luego de dos semanas de espera en las que el equipo científico aguardó la aparición simultánea de varias fulguraciones solares para poner a prueba la capacidad del instrumento.

La oportunidad llegó cuando los investigadores detectaron tres pequeñas fulguraciones solares ocurriendo simultáneamente, un escenario poco frecuente y especialmente valioso para probar el instrumento.

“Solo hasta el jueves pasado, dentro de nuestra ventana de lanzamiento, ocurrieron tres fulguraciones pequeñas al mismo tiempo. Entonces fue cuando decidimos iniciar el conteo regresivo y lanzar”, explica el astrónomo.

Durante el vuelo, el cohete salió temporalmente al espacio, registró información sobre las explosiones solares y posteriormente regresó a la Tierra sin entrar en órbita.

Dicho tipo de trayectorias, conocidas como “vuelos suborbitales”, permiten realizar observaciones científicas durante cortos periodos fuera de la atmósfera.

La misión también sirvió para evaluar nuevas tecnologías de observación solar. Tras completar el vuelo y recopilar la información científica, el cohete aterrizó en una zona montañosa de Alaska, en donde fue recuperado por un helicóptero y trasladado nuevamente al centro de operaciones para iniciar la descarga y el análisis de los datos.

“Los datos que recogimos en vuelo son de buena calidad”, señala el experto Buitrago, quien desde hace varios años participa en el proyecto Foxsi y antes estuvo en otros 4 lanzamientos de este programa científico de la NASA.

El resultado es especialmente importante porque en 2024 Foxsi logró observar una fulguración solar de gran magnitud, mientras que las explosiones pequeñas siguen siendo mucho más difíciles de detectar y estudiar.

La nueva misión representa un avance importante para la observación de fulguraciones solares de baja intensidad.

“Volar en tres fulguraciones pequeñas que ocurrían al tiempo nos completa la historia. Nos habla de que la tecnología que estamos volando es capaz de observar tanto fulguraciones grandes como pequeñas, todas con el mismo instrumento”, afirma el investigador.

Las fulguraciones solares son liberaciones explosivas de energía procedentes del Sol que pueden generar eyecciones coronales de masa, es decir nubes de plasma capaces de alterar comunicaciones satelitales, redes eléctricas y sistemas tecnológicos en la Tierra.

Comprender estos fenómenos permitiría reaccionar con mayor rapidez ante eventos solares extremos y reducir posibles impactos tecnológicos.

La misión Foxsi es liderada por las Universidades de Minnesota y de California en Berkeley, junto con más de 90 científicos e ingenieros de diferentes países.

Durante el vuelo se utilizaron telescopios de rayos X y ultravioleta capaces de registrar información de alta resolución sobre la actividad solar.

Aunque los resultados preliminares son positivos, el análisis científico apenas comienza. El equipo deberá trabajar durante meses en procesos de calibración y estudio de datos para interpretar el comportamiento de las fulguraciones registradas durante la misión.

“Aún tenemos un montón de trabajo por hacer. Serán meses de trabajarle a los datos de calibración pre y posvuelo para entender las medidas que tomamos y analizar mejor qué podemos aprender de las tres fulguraciones solares que vimos en vuelo”, concluye el físico y magíster de la UNAL.




viernes, 12 de junio de 2026

¿Cómo innovar en educación sin perder la calidad académica?

 Expertos reunidos en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) coincidieron en que innovar ya no significa solo incorporar tecnología, sino transformar las formas de enseñar y aprender sin renunciar al rigor académico.

La inteligencia artificial (IA), los cambios en la forma de aprender de las nuevas generaciones y la necesidad de construir modelos educativos más flexibles están llevando a las universidades a replantear viejas certezas.

La reflexión se dio durante el encuentro “Situar la innovación académica: prácticas, saberes y territorios en la UNAL”, organizado por la Dirección Nacional de Innovación Académica (DNIA).

Durante la jornada, docentes, directivos y académicos coincidieron en que la innovación universitaria ya no se puede limitar al uso de herramientas tecnológicas o plataformas digitales: “el reto ahora es transformar las formas de enseñar y aprender sin sacrificar la excelencia académica que históricamente ha caracterizado a la Institución”, señalaron.

“La innovación no puede pasar por encima de ese hilo conductor de la excelencia”, afirmó la profesora Ana Maritza Cristancho García, directora de la DNIA.

Advirtió además que “la Universidad también necesita ser más flexible paradigmáticamente para responder a las nuevas dinámicas sociales, culturales y tecnológicas que hoy atraviesan a los estudiantes”.

Uno de los temas centrales del encuentro fue el cambio generacional y la manera en que los jóvenes se relacionan hoy con el conocimiento.

Los participantes consideran que las nuevas generaciones crecieron en ecosistemas digitales en los que las decisiones son inmediatas y personalizadas, una lógica que contrasta con estructuras educativas rígidas y tradicionales.

“Las expectativas de los jóvenes de hoy son muy distintas”, señaló el profesor Juan Pablo Duque Cañas, director Nacional de Programas de Pregrado.

Según manifestó, muchos estudiantes ya no perciben la educación superior como una garantía automática de bienestar o de movilidad social, sino como una experiencia que debe tener sentido personal y humano.

El directivo fue más allá y planteó una reflexión que atravesó buena parte del encuentro: “parece que el conocimiento ya no emociona a nadie”.

A su juicio, uno de los grandes desafíos de la educación superior consiste en recuperar el placer por aprender y evitar que el paso por la academia se convierta solo en una herramienta para obtener mejores condiciones laborales.

En este mismo sentido, la discusión también puso sobre la mesa una autocrítica institucional frente a las dificultades para transformar los modelos pedagógicos universitarios.

Para algunos participantes, aunque la tradición académica de la UNAL ha sido fundamental para consolidar su liderazgo, también se puede convertir en una barrera para impulsar cambios.

Refiriéndose a los obstáculos normativos y administrativos que dificultan nuevas propuestas académicas, la profesora Cristancho expresó que “hay muchos, no para incorporar cosas”.

Según indicó, “existen ideas como la educación asistida por la virtualidad que no logran avanzar porque ‘el estatuto no lo permite’ o porque ciertos procesos aún no están contemplados dentro de la estructura institucional”.

Otro eje de la conversación fue el papel de los territorios y de las Sedes de Presencia Nacional en la construcción de nuevas formas de enseñanza.

Para los participantes, la expansión territorial de la UNAL representa una de las mayores transformaciones académicas de las últimas décadas.

“Que la UNAL tenga presencia nacional es una macroinnovación. Pensar cómo la universidad más grande de la nación puede llegar al territorio y reconocer todas sus particularidades sin negociar sus principios básicos es una innovación enorme que todavía debemos seguir investigando, sistematizando y aprendiendo”, dijo la académica.

Innovar también implica transformar la enseñanza

La discusión también abordó la necesidad de fortalecer la reflexión pedagógica dentro de la Universidad.

Durante el encuentro, el profesor José Ismael Peña Reyes, rector de la UNAL, afirmó que “gran parte de los docentes construyen sus prácticas de enseñanza desde su experiencia disciplinar e investigativa, pese a que muchos no han tenido procesos formales de formación pedagógica”.

En ese sentido, destacó que “en la UNAL la innovación académica no se puede entender desde un único modelo educativo, sino desde múltiples maneras de construir conocimiento según los contextos, las disciplinas y las relaciones que se tejen con los estudiantes”.

La IA también ocupó un lugar central en las discusiones. Lejos de plantear una postura alarmista, los participantes coincidieron en que la IA representa un reto pedagógico y ético que se debe asumir crítica y responsablemente.

“Pensar que la IA es un monstruo y que hay que oponerse a ella es un absurdo. La IA llegó con todos los retos que eso implica. Ahora tenemos que interpretar para qué nos puede servir, sin reemplazar la necesidad del ser humano de enfrentarse a problemas, analizarlos y tomar decisiones”, afirmó el profesor Duque.

Más allá de las diferencias de enfoque, el encuentro dejó una idea compartida: la innovación académica no se puede entender solo como modernización tecnológica, sino que también implica revisar las relaciones entre profesores y estudiantes, reconocer nuevas formas de aprender y construir una universidad más flexible, conectada con los territorios y abierta a las transformaciones sociales.