lunes, 3 de agosto de 2026

Antiguo Ferrocarril de Caldas vuelve a recorrer el Eje Cafetero en un mapa colaborativo

 Aunque el Ferrocarril de Caldas dejó de funcionar hace décadas, cientos de sus vestigios permanecen dispersos por el Eje Cafetero. Ahora una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) los reúne en un mapa colaborativo construido junto con las comunidades para preservar su memoria e impulsar su valoración.

Aunque el Ferrocarril de Caldas dejó de funcionar hace décadas, cientos de sus vestigios permanecen dispersos por el Eje Cafetero. Ahora una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) los reúne en un mapa colaborativo construido junto con las comunidades para preservar su memoria e impulsar su valoración.

A su vez, la arquitecta Tatiana Rivera Pabón, investigadora principal del proyecto y egresada de la UNAL Sede Bogotá, señala que “esta investigación recoge varios años de trabajo sobre patrimonio industrial cafetero, iniciado desde el pregrado y consolidado durante mi formación en maestría y doctorado”.

Ese recorrido llevó al equipo a plantear una mirada distinta sobre el patrimonio ferroviario. Más que concentrarse en las estaciones, la investigación propone reconocer túneles, puentes, campamentos, caminos, paisajes y comunidades como parte de un mismo sistema territorial.

“Quisimos mostrar, junto con las comunidades que habitan la banca de la antigua línea de Caldas, que este camino histórico cumple con las condiciones para ser un itinerario cultural. Por eso construimos con ellas un inventario participativo que busca impulsar su valoración y uso recreativo y turístico”, señala la investigadora Rivera.

Esa propuesta también se construyó en el territorio con el trabajo de la arquitecta Heidy Vanesa Núñez Naeder, estudiante de la Maestría en Arquitectura de la UNAL Sede Manizales.

Al proceso se sumaron el programa de Gestión Cultural de la Sede y el estudiante Juan Camilo Ortiz Ardila, quien participó como asistente de investigación y apoyó el desarrollo de los talleres con las comunidades.

Los niños también cartografiaron la historia

Para la arquitecta Núñez, uno de los principales aportes del proyecto fue demostrar que los túneles, campamentos y caminos, así como las comunidades que crecieron alrededor de la línea férrea también forman parte de esa memoria colectiva.

“Buscamos desarrollar un proyecto junto con las comunidades que habitan esta línea para entender qué elementos quedan del ferrocarril y qué servicios se pueden encontrar, con el fin de plantear un corredor que permita poner en valor la antigua vía férrea”, anota.

Durante más de un año, el equipo recorrió 6 municipios del Eje Cafetero y realizó talleres con habitantes, docentes, familias y estudiantes. En total participaron más de 400 personas de 9 instituciones educativas de Pereira, Dosquebradas, Santa Rosa de Cabal, Chinchiná, Villamaría y Manizales.

Uno de los primeros encuentros reunió en Dosquebradas a cerca de 100 niños de entre 5 y 7 años, experiencia que luego sirvió para consolidar la metodología aplicada en los demás municipios.

Los niños se convirtieron en protagonistas de la investigación. Uno de los ejercicios consistió en dibujar el recorrido entre sus casas y la escuela identificando los lugares que reconocen en su vida cotidiana.

“Ellos identificaban los caminos por donde pasan todos los días: un árbol, una panadería, una quebrada… A partir de esos recorridos les mostrábamos que muchos de esos lugares coinciden con el antiguo trazado del ferrocarril”, relata la joven investigadora.

Esos mapas permitieron identificar no solo vestigios ferroviarios, sino también elementos naturales y paisajísticos del territorio. El equipo sistematizó esa información y la incorporó a la plataforma digital, convirtiendo a los niños en participantes activos de la construcción del mapa colaborativo.

“El ejercicio que mejor funcionó fue pedirles a los niños que mapearan el recorrido entre su casa y la escuela. A partir de esa experiencia fue posible relacionar sus trayectos cotidianos con el antiguo trazado del ferrocarril y recuperar información que luego alimentó el mapa colaborativo”, explica la investigadora Rivera.

Para ella uno de los mayores logros del proyecto es que la plataforma se seguirá enriqueciendo con el aporte de la ciudadanía; “la idea es que las personas puedan recorrer la antigua línea, registrar lo que encuentren, tomar fotografías y aportar esa información al mapa para que el patrimonio se siga documentando”.

Además del mapa interactivo, la plataforma ofrece una guía del itinerario y otros recursos cartográficos elaborados durante la investigación para facilitar el reconocimiento del antiguo Ferrocarril de Caldas.

La plataforma surge del proyecto “Encarrilando el paisaje cafetero: itinerario cultural por el corredor ambiental del Ferrocarril de Caldas”, desarrollado mediante la convocatoria “Orquídeas: Mujeres en la Ciencia”, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.






 




miércoles, 22 de julio de 2026

Tres vestigios lleva a la pantalla historias que rescatan el patrimonio cultural del país

 Este documental de Televisión UNAL reúne tres investigaciones desarrolladas en las Sedes Palmira, Manizales y Medellín para mostrar cómo contribuye la ciencia a recuperar, preservar y divulgar el patrimonio cultural colombiano. La producción se estrenará este 22 de julio a las 6:00 p. m. en la Cinemateca de Bogotá, con entrada libre y un conversatorio con algunos de los investigadores participantes.

Las tres historias que componen el documental Tres vestigios recorren distintos territorios del país y muestran los esfuerzos de investigadores de la de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) por proteger el patrimonio arqueológico, recuperar antiguos sistemas de transporte y rescatar caminos históricos que forman parte de la memoria cultural de Colombia.

Uno de esos relatos se remonta a la década de 1990, cuando el hallazgo accidental de piezas de oro en la Hacienda Malagana, en el Valle del Cauca, desencadenó un episodio de guaquería que ocasionó la pérdida de gran parte del patrimonio arqueológico de esta cultura precolombina.

Sin embargo, investigaciones adelantadas por el Instituto para la Investigación y la Preservación del Patrimonio Cultural y Natural del Valle del Cauca (Inciva) y la UNAL Sede Palmira han permitido reconstruir parte de la historia de la cultura Malagana, cuyos orígenes se remontarían al año 300 a. C.

Como parte de este trabajo, integrantes del Grupo de Investigación Ergonomía y Sustentabilidad de la UNAL Sede Palmira, liderados por las profesoras Adriana Castellanos y Eliana Castro, trabajan junto con el Inciva en la caracterización de piezas de orfebrería de la cultura Malagana con el propósito de divulgar este patrimonio mediante una publicación dirigida al público general.

Del patrimonio arqueológico a la memoria de la ingeniería

Otro de los relatos recogidos en Tres vestigios se traslada al antiguo sistema del Cable Aéreo que conectó a Manizales con Mariquita y que marcó un hito de la ingeniería y el transporte en Colombia durante la primera mitad del siglo XX.

Aunque hoy el Cable no existe, una alianza entre la UNAL Sede Manizales y la Universidad de Caldas trabaja en la caracterización de las antiguas estaciones para aportar a su reconocimiento como patrimonio cultural.

El propósito de este trabajo es contribuir a recuperar la memoria de esta obra de ingeniería y abrir nuevas posibilidades para proyectos de turismo cultural. En ella participan, entre otros investigadores, los profesores Diego Andrés Álvarez Marín, del Departamento de Ingeniería Civil; Juan Manuel Sarmiento Nova, de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo, y David Molina Castaño, del Departamento de Ciencias Humanas de la UNAL Sede Manizales.

La tercera historia conduce al oriente antioqueño. Allí, inspirado en obras como La marquesa de Yolombó, de Tomás Carrasquilla, y Viaje a pie, de Fernando González, el profesor José Lubín Torres recorre antiguos caminos del departamento para rescatar su valor histórico y cultural.

A esta iniciativa se han sumado organizaciones camineras que trabajan en la recuperación y conservación de estos caminos del siglo XIX y de la colonización antioqueña, promoviendo así su apropiación y el desarrollo de proyectos de turismo cultural.






viernes, 26 de junio de 2026

Astrónomo de la UNAL lideró misión de la NASA que captó tres explosiones solares

 El físico Juan Camilo Buitrago Casas, magíster en Astronomía de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), lideró el lanzamiento de un cohete de la NASA que logró captar simultáneamente tres fulguraciones solares de baja intensidad. El hito permitirá entender mejor cómo se originan estas explosiones y mejorar las tecnologías que vigilan la actividad del Sol.

La misión se desarrolló en el marco del programa The Focusing Optics X-ray Solar Imager (Foxsi), dedicado a estudiar la actividad solar mediante telescopios especializados en rayos X.

El cohete despegó el pasado 14 de mayo desde la base Poker Flat Research Range, en Fairbanks (Alaska), luego de dos semanas de espera en las que el equipo científico aguardó la aparición simultánea de varias fulguraciones solares para poner a prueba la capacidad del instrumento.

La oportunidad llegó cuando los investigadores detectaron tres pequeñas fulguraciones solares ocurriendo simultáneamente, un escenario poco frecuente y especialmente valioso para probar el instrumento.

“Solo hasta el jueves pasado, dentro de nuestra ventana de lanzamiento, ocurrieron tres fulguraciones pequeñas al mismo tiempo. Entonces fue cuando decidimos iniciar el conteo regresivo y lanzar”, explica el astrónomo.

Durante el vuelo, el cohete salió temporalmente al espacio, registró información sobre las explosiones solares y posteriormente regresó a la Tierra sin entrar en órbita.

Dicho tipo de trayectorias, conocidas como “vuelos suborbitales”, permiten realizar observaciones científicas durante cortos periodos fuera de la atmósfera.

La misión también sirvió para evaluar nuevas tecnologías de observación solar. Tras completar el vuelo y recopilar la información científica, el cohete aterrizó en una zona montañosa de Alaska, en donde fue recuperado por un helicóptero y trasladado nuevamente al centro de operaciones para iniciar la descarga y el análisis de los datos.

“Los datos que recogimos en vuelo son de buena calidad”, señala el experto Buitrago, quien desde hace varios años participa en el proyecto Foxsi y antes estuvo en otros 4 lanzamientos de este programa científico de la NASA.

El resultado es especialmente importante porque en 2024 Foxsi logró observar una fulguración solar de gran magnitud, mientras que las explosiones pequeñas siguen siendo mucho más difíciles de detectar y estudiar.

La nueva misión representa un avance importante para la observación de fulguraciones solares de baja intensidad.

“Volar en tres fulguraciones pequeñas que ocurrían al tiempo nos completa la historia. Nos habla de que la tecnología que estamos volando es capaz de observar tanto fulguraciones grandes como pequeñas, todas con el mismo instrumento”, afirma el investigador.

Las fulguraciones solares son liberaciones explosivas de energía procedentes del Sol que pueden generar eyecciones coronales de masa, es decir nubes de plasma capaces de alterar comunicaciones satelitales, redes eléctricas y sistemas tecnológicos en la Tierra.

Comprender estos fenómenos permitiría reaccionar con mayor rapidez ante eventos solares extremos y reducir posibles impactos tecnológicos.

La misión Foxsi es liderada por las Universidades de Minnesota y de California en Berkeley, junto con más de 90 científicos e ingenieros de diferentes países.

Durante el vuelo se utilizaron telescopios de rayos X y ultravioleta capaces de registrar información de alta resolución sobre la actividad solar.

Aunque los resultados preliminares son positivos, el análisis científico apenas comienza. El equipo deberá trabajar durante meses en procesos de calibración y estudio de datos para interpretar el comportamiento de las fulguraciones registradas durante la misión.

“Aún tenemos un montón de trabajo por hacer. Serán meses de trabajarle a los datos de calibración pre y posvuelo para entender las medidas que tomamos y analizar mejor qué podemos aprender de las tres fulguraciones solares que vimos en vuelo”, concluye el físico y magíster de la UNAL.




viernes, 12 de junio de 2026

¿Cómo innovar en educación sin perder la calidad académica?

 Expertos reunidos en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) coincidieron en que innovar ya no significa solo incorporar tecnología, sino transformar las formas de enseñar y aprender sin renunciar al rigor académico.

La inteligencia artificial (IA), los cambios en la forma de aprender de las nuevas generaciones y la necesidad de construir modelos educativos más flexibles están llevando a las universidades a replantear viejas certezas.

La reflexión se dio durante el encuentro “Situar la innovación académica: prácticas, saberes y territorios en la UNAL”, organizado por la Dirección Nacional de Innovación Académica (DNIA).

Durante la jornada, docentes, directivos y académicos coincidieron en que la innovación universitaria ya no se puede limitar al uso de herramientas tecnológicas o plataformas digitales: “el reto ahora es transformar las formas de enseñar y aprender sin sacrificar la excelencia académica que históricamente ha caracterizado a la Institución”, señalaron.

“La innovación no puede pasar por encima de ese hilo conductor de la excelencia”, afirmó la profesora Ana Maritza Cristancho García, directora de la DNIA.

Advirtió además que “la Universidad también necesita ser más flexible paradigmáticamente para responder a las nuevas dinámicas sociales, culturales y tecnológicas que hoy atraviesan a los estudiantes”.

Uno de los temas centrales del encuentro fue el cambio generacional y la manera en que los jóvenes se relacionan hoy con el conocimiento.

Los participantes consideran que las nuevas generaciones crecieron en ecosistemas digitales en los que las decisiones son inmediatas y personalizadas, una lógica que contrasta con estructuras educativas rígidas y tradicionales.

“Las expectativas de los jóvenes de hoy son muy distintas”, señaló el profesor Juan Pablo Duque Cañas, director Nacional de Programas de Pregrado.

Según manifestó, muchos estudiantes ya no perciben la educación superior como una garantía automática de bienestar o de movilidad social, sino como una experiencia que debe tener sentido personal y humano.

El directivo fue más allá y planteó una reflexión que atravesó buena parte del encuentro: “parece que el conocimiento ya no emociona a nadie”.

A su juicio, uno de los grandes desafíos de la educación superior consiste en recuperar el placer por aprender y evitar que el paso por la academia se convierta solo en una herramienta para obtener mejores condiciones laborales.

En este mismo sentido, la discusión también puso sobre la mesa una autocrítica institucional frente a las dificultades para transformar los modelos pedagógicos universitarios.

Para algunos participantes, aunque la tradición académica de la UNAL ha sido fundamental para consolidar su liderazgo, también se puede convertir en una barrera para impulsar cambios.

Refiriéndose a los obstáculos normativos y administrativos que dificultan nuevas propuestas académicas, la profesora Cristancho expresó que “hay muchos, no para incorporar cosas”.

Según indicó, “existen ideas como la educación asistida por la virtualidad que no logran avanzar porque ‘el estatuto no lo permite’ o porque ciertos procesos aún no están contemplados dentro de la estructura institucional”.

Otro eje de la conversación fue el papel de los territorios y de las Sedes de Presencia Nacional en la construcción de nuevas formas de enseñanza.

Para los participantes, la expansión territorial de la UNAL representa una de las mayores transformaciones académicas de las últimas décadas.

“Que la UNAL tenga presencia nacional es una macroinnovación. Pensar cómo la universidad más grande de la nación puede llegar al territorio y reconocer todas sus particularidades sin negociar sus principios básicos es una innovación enorme que todavía debemos seguir investigando, sistematizando y aprendiendo”, dijo la académica.

Innovar también implica transformar la enseñanza

La discusión también abordó la necesidad de fortalecer la reflexión pedagógica dentro de la Universidad.

Durante el encuentro, el profesor José Ismael Peña Reyes, rector de la UNAL, afirmó que “gran parte de los docentes construyen sus prácticas de enseñanza desde su experiencia disciplinar e investigativa, pese a que muchos no han tenido procesos formales de formación pedagógica”.

En ese sentido, destacó que “en la UNAL la innovación académica no se puede entender desde un único modelo educativo, sino desde múltiples maneras de construir conocimiento según los contextos, las disciplinas y las relaciones que se tejen con los estudiantes”.

La IA también ocupó un lugar central en las discusiones. Lejos de plantear una postura alarmista, los participantes coincidieron en que la IA representa un reto pedagógico y ético que se debe asumir crítica y responsablemente.

“Pensar que la IA es un monstruo y que hay que oponerse a ella es un absurdo. La IA llegó con todos los retos que eso implica. Ahora tenemos que interpretar para qué nos puede servir, sin reemplazar la necesidad del ser humano de enfrentarse a problemas, analizarlos y tomar decisiones”, afirmó el profesor Duque.

Más allá de las diferencias de enfoque, el encuentro dejó una idea compartida: la innovación académica no se puede entender solo como modernización tecnológica, sino que también implica revisar las relaciones entre profesores y estudiantes, reconocer nuevas formas de aprender y construir una universidad más flexible, conectada con los territorios y abierta a las transformaciones sociales.

 







jueves, 28 de mayo de 2026

Ingeniería Mecánica de la UNAL: 65 años aportando al desarrollo industrial en Colombia

 Pasando de los talleres manuales y el diseño de máquinas de los años sesenta a la robótica ABB (utilizada hoy en procesos de automatización industrial), la impresión 3D y el hidrógeno verde, el programa de Ingeniería Mecánica de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) cumple 65 años formando a los profesionales que han acompañado la transformación tecnológica e industrial del país.

Los primeros ingenieros mecánicos de la UNAL se graduaron en 1966 y rápidamente comenzaron a vincularse a empresas nacionales e industrias emergentes. Según registros históricos de la Asociación de Ingenieros Mecánicos de la Universidad Nacional (AIMUN), varios de ellos participaron en procesos de fortalecimiento industrial y posteriormente crearon sus propias empresas, en una época en que Colombia buscaba consolidar capacidades tecnológicas y productivas propias.

En respuesta a las nuevas demandas de la industria colombiana y a los cambios tecnológicos globales, hoy el programa integra tecnologías relacionadas con automatización, control industrial, robótica ABB, impresión 3D y manufactura asistida por computador.

La evolución académica también impulsó el fortalecimiento de los posgrados y la investigación. En 1984 nació la Maestría en Ingeniería – Materiales y Procesos, y posteriormente se consolidó la Maestría en Ingeniería Mecánica junto con la formación doctoral de docentes e investigadores.

“Hoy la Maestría en Ingeniería Mecánica tiene amplio espectro, con investigaciones que van desde optimización y modelamiento térmico hasta caracterización de materiales y diseño”, explicó el profesor Nelson Arzola.

Ingeniería Mecánica frente a los retos energéticos y tecnológicos del futuro

Actualmente el programa cuenta con la Acreditación en Alta Calidad otorgada por el Ministerio de Educación Nacional y con el sello internacional EUR-ACE®, reconocimiento que certifica estándares internacionales en formación de ingenieros.

Para el profesor Carlos Alberto Narváez Tovar, director del Área Curricular, este aniversario también representa una oportunidad para pensar el papel de la ingeniería frente a los retos contemporáneos del país.

“La historia del programa también refleja la evolución industrial y tecnológica de Colombia. Hoy los retos van más allá de la transición energética, la automatización, la sostenibilidad y el desarrollo de tecnologías que respondan a las necesidades del país y de la industria”, señaló.

Con esta conmemoración, la UNAL busca reconocer el legado de las generaciones de ingenieros mecánicos que han participado en procesos de innovación, energía, manufactura e investigación en distintos sectores del país mientras la disciplina se sigue adaptando a los desafíos tecnológicos y ambientales del siglo XXI.

 







martes, 26 de mayo de 2026

Totó la Momposina hizo de la UNAL un escenario para la otra Colombia

 Mucho antes de que el mundo alabara a Totó la Momposina y de que su voz llegara a los festivales musicales más importantes del planeta o que fuera nominada a los Grammy, Sonia Bazanta Vides ya caminaba por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) como quien llega a su casa, y de alguna manera así era.

La artista, fallecida el pasado 17 de mayo a los 85 años, también dejó una huella profunda en esta Universidad, en donde estudió, construyó afectos y convirtió escenarios como la Plaza Central y el Auditorio León de Greiff en puntos de encuentro para una Colombia que durante mucho tiempo permaneció al margen.

Aquí conoció a su esposo, el médico internista Hernando Oyaga, profesor de la Facultad de Medicina, con quien tuvo a sus hijos Marco Vinicio, Angélica María y Eurídice Salomé, quienes también han dedicado buena parte de sus vidas a la música y al legado artístico de su madre. Aquí estudió música, y aquí también ayudó a sembrar algo que en esos años todavía parecía extraño para buena parte del país: escuchar a Colombia desde sus tambores, sus gaitas, sus cantadoras y sus pueblos olvidados.

La antropóloga Gloria Triana relató para la revista Nómadas de la Universidad Central que conoció a Totó a comienzos de los años setenta, cuando casi nadie hablaba de ella. Una tarde la vio cantar en televisión con una manta wayúu sobre los hombros y una voz que no se parecía a nada de lo que sonaba entonces en la radio colombiana.

“En esa época hablar de diversidad cultural, de músicas afrodescendientes o de patrimonio popular ni siquiera formaba parte de las conversaciones académicas del país, pero Totó ya estaba allí, abriendo camino a punta de tambor, cantos y tradición oral”, escribió la antropóloga Triana, profesora de la UNAL.

Totó y Gloria recorrieron pueblos del río Magdalena buscando cantadoras, tamboreros y bailes cantados que el país urbano apenas conocía, y después de cada viaje volvían al campus de la Universidad en Bogotá.

“Este fue el primero de muchos viajes que generalmente hacíamos en vacaciones para regresar a la Universidad Nacional, yo a dictar mis clases y Totó a tomar lecciones de canto con el maestro Raúl Mójica en el Conservatorio”, recordó.

En el Archivo Central e Histórico de la Institución se conserva el formulario de inscripción de Sonia Bazanta de Oyaga al Departamento de Música de la Facultad de Artes, fechado en 1973, cuando a sus 28 años asistía a clases de “iniciación auditiva y coro” mientras comenzaba a abrirse camino como una de las voces más poderosas de la música colombiana.

La Universidad que abrió espacio para las cantadoras

La Universidad también fue uno de los lugares en donde Totó compartió más veces su música con Bogotá. En la Plaza Central y en el emblemático Auditorio León de Greiff llegaron a sonar gaitas, bullerengue y chandé gracias a artistas como Totó, Petrona Martínez, Leandro Díaz, Los Gaiteros de San Jacinto o Batata III, el legendario tamborero palenquero que Totó ayudó a proyectar y cuya fuerza terminó marcando buena parte de su historia musical.

En aquellos años noventa y comienzos del nuevo siglo estos escenarios también empezaban a ver nacer otras músicas y otras generaciones. Por allí pasaban agrupaciones como Aterciopelados, 1280 Almas o La 33, pero Totó tenía algo distinto: cuando ella aparecía el campus parecía cambiar de ritmo. Los tambores ocupaban el aire frío de Bogotá, y por unas horas la Universidad se convertía en un pedazo del río Magdalena.

Por eso nunca dejó de regresar a la Universidad cada vez que la invitaban. Una de esas visitas ocurrió en 2018, durante la celebración de los 70 años de la UNAL Sede Manizales, cuando ofreció un concierto en el Teatro Los Fundadores ante más de 1.200 personas.

Esa noche dejó una frase que hoy cobra todavía más fuerza: “el arte no se hizo para volverse millonario sino para entregárselo al pueblo con respeto y con amor. El escenario es como un templo y se debe hacer lo que corresponde”.

Y quizá esa fue siempre la relación de Totó con la Universidad, nunca vino solo a cantar, vino a compartir un país que durante mucho tiempo permaneció arrinconado, invisible o silenciado. Un país de cantadoras, tamboreros, palenques, pueblos ribereños y memorias afrodescendientes e indígenas que ella ayudó a poner en el centro de la conversación cultural colombiana.

“A las cantaoras nos compete, a través de la música ancestral, construir el sentido de pertenencia de un país y un continente”, indicó la cantautora durante su presentación.

Mientras Colombia se prepara para despedirla con tres días de duelo nacional y un homenaje póstumo de cuerpo presente en el Capitolio Nacional, la UNAL también recuerda a la mujer que convirtió sus escenarios en un lugar para las voces, los tambores y las memorias de la otra Colombia.

Hoy quedan las fotografías y las noticias publicadas en Unimedios que acompañaban cada una de sus visitas a la UNAL, los recuerdos de sus conciertos en la Plaza Central y el Auditorio León de Greiff, y la memoria de quienes la vieron caminar por el campus como alguien cercano, casi de la casa.







miércoles, 20 de mayo de 2026

Concierto de la UNAL recaudó recursos equivalentes a 2.500 apoyos alimentarios para estudiantes

 Con un Teatro Cafam de Bellas Artes prácticamente lleno y el 90 % de la boletería vendida, el concierto “Música para alimentar sueños”, liderado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), recaudó recursos equivalentes a 2.500 apoyos alimentarios para estudiantes en condición de vulnerabilidad.

El evento, que marcó un récord de asistencia en este escenario cultural de Bogotá, “reunió a cerca de 250 jóvenes artistas de la Orquesta y el Coro del Conservatorio de Música de la UNAL, quienes interpretaron la suite de El lago de los cisnes, de Piotr Ilich Tchaikovsky, y el Salmo 42, de Felix Mendelssohn, bajo la dirección del maestro Guerassim Voronkov”, señaló Joaquín Romero, director Ejecutivo del Fondo de Apoyo Estudiantil (FAE) de la UNAL.

La presentación se consolidó no solo como una apuesta artística de gran formato, sino también como una estrategia de apoyo estudiantil impulsada para contribuir a la permanencia de estudiantes con dificultades económicas.

En el concierto estuvieron presentes los profesores José Ismael Peña Reyes, rector de UNAL, y Lorena Chaparro, vicerrectora de la Sede Bogotá, así como directivas, docentes, egresados y miembros de la comunidad universitaria.

“Los resultados del evento reflejan la capacidad de articulación de la Universidad alrededor de sus estudiantes. Se vendió el 90 % de la boletería y logramos recaudar lo equivalente a 2.500 apoyos alimentarios”, señaló el profesor Romero.

Además la iniciativa permitió fortalecer el vínculo entre egresados, familias y distintos sectores de la sociedad alrededor de uno de los principales propósitos de la Universidad: garantizar la permanencia de estudiantes que enfrentan dificultades económicas para continuar sus estudios.

Así mismo, sirvió para conectar a la comunidad con las necesidades reales de los estudiantes y con las estrategias institucionales de permanencia.

El profesor Romero también destacó el impacto cultural de la jornada y el papel del Conservatorio de Música en la consolidación de espacios artísticos abiertos a la ciudad.

“La Universidad contribuyó a la cultura y rompió un récord. Es la primera vez que 250 artistas jóvenes llegan al escenario del Teatro Cafam”, afirmó.

El FAE nació inicialmente como una iniciativa impulsada por docentes de la Facultad de Ciencias Económicas y posteriormente se consolidó como un mecanismo institucional de apoyo para estudiantes en condición de vulnerabilidad.

Desde su creación ha centrado sus esfuerzos en atender necesidades básicas relacionadas con alimentación y transporte, factores que inciden directamente en la continuidad académica y el bienestar de los estudiantes.

La meta proyectada por el Fondo para este año es alcanzar entre 18.000 y 20.000 apoyos alimentarios. Cerca de 4.500 de estos dependen directamente de actividades de recaudo y articulación institucional como el concierto realizado en el Teatro Cafam.

La selección de los beneficiarios se realiza a través de los programas de Bienestar Universitario, encargados de identificar a los estudiantes con mayores necesidades económicas y de acompañamiento.

El despliegue artístico del concierto también representó uno de los montajes musicales más amplios desarrollados recientemente por el Conservatorio de Música de la UNAL. La participación conjunta de la Orquesta y el Coro implicó meses de preparación académica y técnica para coordinar a los intérpretes en escena.

El concierto “Música para alimentar sueños” cerró así una noche en la que la música se convirtió en un mecanismo de apoyo concreto para cientos de estudiantes. Entre aplausos y un teatro lleno, la Universidad Nacional de Colombia articuló cultura, solidaridad y permanencia estudiantil en un mismo escenario.