Expertos reunidos en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) coincidieron en que innovar ya no significa solo incorporar tecnología, sino transformar las formas de enseñar y aprender sin renunciar al rigor académico.
La inteligencia artificial (IA), los cambios en la forma de
aprender de las nuevas generaciones y la necesidad de construir modelos
educativos más flexibles están llevando a las universidades a replantear viejas
certezas.
La reflexión se dio durante el encuentro “Situar la
innovación académica: prácticas, saberes y territorios en la UNAL”, organizado
por la Dirección Nacional de Innovación Académica (DNIA).
Durante la jornada, docentes, directivos y académicos
coincidieron en que la innovación universitaria ya no se puede limitar al uso
de herramientas tecnológicas o plataformas digitales: “el reto ahora es
transformar las formas de enseñar y aprender sin sacrificar la excelencia
académica que históricamente ha caracterizado a la Institución”, señalaron.
“La innovación no puede pasar por encima de ese hilo
conductor de la excelencia”, afirmó la profesora Ana Maritza Cristancho García,
directora de la DNIA.
Advirtió además que “la Universidad también necesita ser más
flexible paradigmáticamente para responder a las nuevas dinámicas sociales,
culturales y tecnológicas que hoy atraviesan a los estudiantes”.
Uno de los temas centrales del encuentro fue el cambio
generacional y la manera en que los jóvenes se relacionan hoy con el
conocimiento.
Los participantes consideran que las nuevas generaciones
crecieron en ecosistemas digitales en los que las decisiones son inmediatas y
personalizadas, una lógica que contrasta con estructuras educativas rígidas y
tradicionales.
“Las expectativas de los jóvenes de hoy son muy distintas”,
señaló el profesor Juan Pablo Duque Cañas, director Nacional de Programas de
Pregrado.
Según manifestó, muchos estudiantes ya no perciben la
educación superior como una garantía automática de bienestar o de movilidad
social, sino como una experiencia que debe tener sentido personal y humano.
El directivo fue más allá y planteó una reflexión que
atravesó buena parte del encuentro: “parece que el conocimiento ya no emociona
a nadie”.
A su juicio, uno de los grandes desafíos de la educación
superior consiste en recuperar el placer por aprender y evitar que el paso por
la academia se convierta solo en una herramienta para obtener mejores
condiciones laborales.
En este mismo sentido, la discusión también puso sobre la
mesa una autocrítica institucional frente a las dificultades para transformar
los modelos pedagógicos universitarios.
Para algunos participantes, aunque la tradición académica de
la UNAL ha sido fundamental para consolidar su liderazgo, también se puede
convertir en una barrera para impulsar cambios.
Refiriéndose a los obstáculos normativos y administrativos
que dificultan nuevas propuestas académicas, la profesora Cristancho expresó
que “hay muchos, no para incorporar cosas”.
Según indicó, “existen ideas como la educación asistida por
la virtualidad que no logran avanzar porque ‘el estatuto no lo permite’ o
porque ciertos procesos aún no están contemplados dentro de la estructura
institucional”.
Otro eje de la conversación fue el papel de los territorios
y de las Sedes de Presencia Nacional en la construcción de nuevas formas de
enseñanza.
Para los participantes, la expansión territorial de la UNAL
representa una de las mayores transformaciones académicas de las últimas
décadas.
“Que la UNAL tenga presencia nacional es una
macroinnovación. Pensar cómo la universidad más grande de la nación puede
llegar al territorio y reconocer todas sus particularidades sin negociar sus
principios básicos es una innovación enorme que todavía debemos seguir
investigando, sistematizando y aprendiendo”, dijo la académica.
Innovar también implica transformar la enseñanza
La discusión también abordó la necesidad de fortalecer la
reflexión pedagógica dentro de la Universidad.
Durante el encuentro, el profesor José Ismael Peña Reyes,
rector de la UNAL, afirmó que “gran parte de los docentes construyen sus
prácticas de enseñanza desde su experiencia disciplinar e investigativa, pese a
que muchos no han tenido procesos formales de formación pedagógica”.
En ese sentido, destacó que “en la UNAL la innovación
académica no se puede entender desde un único modelo educativo, sino desde
múltiples maneras de construir conocimiento según los contextos, las
disciplinas y las relaciones que se tejen con los estudiantes”.
La IA también ocupó un lugar central en las discusiones.
Lejos de plantear una postura alarmista, los participantes coincidieron en que
la IA representa un reto pedagógico y ético que se debe asumir crítica y
responsablemente.
“Pensar que la IA es un monstruo y que hay que oponerse a
ella es un absurdo. La IA llegó con todos los retos que eso implica. Ahora
tenemos que interpretar para qué nos puede servir, sin reemplazar la necesidad
del ser humano de enfrentarse a problemas, analizarlos y tomar decisiones”,
afirmó el profesor Duque.
Más allá de las diferencias de enfoque, el encuentro dejó
una idea compartida: la innovación académica no se puede entender solo como
modernización tecnológica, sino que también implica revisar las relaciones
entre profesores y estudiantes, reconocer nuevas formas de aprender y construir
una universidad más flexible, conectada con los territorios y abierta a las
transformaciones sociales.





































