martes, 21 de diciembre de 2021

Galletas cracker, más nutritivas con harina de amaranto

 La harina de amaranto, un seudocereal de la familia de la quinua, sería una alternativa de alimentación saludable, ya que aporta mayor cantidad de proteína y fibra –además de macronutrientes– a productos de panadería como galletas cracker (similares a un pan-galleta) y otros alimentos, entre ellos productos horneados, helados, mayonesas y embutidos.


En los países andinos sudamericanos el amaranto ha sido un producto típicamente ligado a las poblaciones indígenas, por lo que la búsqueda de alternativas de diversificación y empleo de este pseudocereal tendría además un impacto en las condiciones sociales y económicas de estas comunidades.


Así lo evidencia la investigación de la nutricionista Claudia Constanza Cabeza Zabala, magíster en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien en su estudio evaluó el comportamiento de la adición de harina de amaranto en las masas de harina de trigo como ingrediente en producción de galletas tipo 
cracker, y qué tan aceptable era para los consumidores.

“En la Encuesta Nacional de Situación Nutricional de 2015 se encontró que la población colombiana no alcanza a cubrir la recomendación de consumo diario de fibra, que es de 25 g, a pesar de que esta se encuentra fácilmente en frutas, verduras y alimentos que se venden en supermercados y tiendas”, refiere la investigadora.

La harina de amaranto se obtiene moliendo el grano entero, lo cual sirve para separar las capas y obtener diferentes tipos de harina. “Las harinas tanto de amaranto como de quinua pasan por un tratamiento previo para disminuir los compuestos (fitatos) que aportan sabores amargos no deseables, y después pasan por un proceso de secado.”

Diseño experimental

En su estudio, la investigadora trabajó con harina de amaranto ya preparada, a la cual le hizo una caracterización y análisis químico de grasa, niveles de proteína, fibra y carbohidratos, entre otros, al tiempo que evaluó los movimientos de la masa (conocido como propiedades reológicas).

La magíster explica que “luego utilizamos un diseño experimental, en el cual se obtuvieron 4 muestras para hacer el análisis, y a cada una de ellas se le incluyó inulina (fibra soluble), pues queríamos identificar propiedades funcionales y reológicas, las cuales son importantes porque sirven para conocer el comportamiento de la masa en productos terminados como los embutidos y productos de panadería”.

“En este caso, las mezclas que tenían mayor cantidad de inulina mostraron una buena actividad emulsificante, lo que indica que se puede usar para mayonesa, helados, o salchichas, entre otros, que son emulsiones estables”.

Por otro lado, para productos de panadería los investigadores analizaron el índice de absorción de agua y la capacidad de retención de esta, pues ese factor ayuda a saber cómo se comportará la masa durante el horneado y producto terminado.

“En efecto, la inclusión de inulina aumentaba la cantidad de agua que se retenía en la masa, lo que era positivo para los panes pero no tanto para las galletas. Sin embargo, encontramos que la mezcla con mayor cantidad de inulina y harina de amaranto era la más favorable para desarrollar galletas cracker”.

Esta harina mezclada con la inulina mejoraba mucho el color de las galletas, dejándolas más doradas y haciéndolas más atractivas para los consumidores, y se espera que en otros estudios esta se pueda probar en otros productos de panadería o distintos alimentos y en una mayor proporción.

Por último, el producto fue evaluado por un panel de personas que nunca habían consumido la harina de amaranto, y se logró una aceptación del 60 %. “Esto es muy bueno, no solo por ser una harina poco consumida, sino porque además tiene su sabor característico, que resulta benéfico en una adición en las galletas”.

Según la investigadora, la harina de amaranto es fácil de conseguir en supermercados, en cadenas medianas o tiendas naturistas, en donde venden productos orgánicos y naturales, sin embargo, como es poco conocida, su precio puede superar el de las harinas tradicionales.





lunes, 6 de diciembre de 2021

Cuanto más alto el pasto que consumen las vacas, más producción de leche

 Un nuevo sistema demuestra que la mayor altura de las pasturas en zonas de clima frío es determinante para el rendimiento en cantidad y calidad de la producción lechera, porque en estas condiciones las hojas tienen más minerales y nutrientes, lo cual además influye directamente en la disminución de las emisiones de metano entérico, uno de los gases efecto invernadero (GEI).

El modelo arrojó que, por sus características climáticas (frío), la medida óptima de la altura del pasto es de 20 cm para la Estación Agraria Paysandú, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, ubicada en el corregimiento de Santa Elena.

Así lo demostraron los investigadores Luis Alfonso Giraldo, profesor de la UNAL Sede Medellín y líder del estudio, y Josué Paz Orellana de la Universidad Nacional de Agricultura de Honduras, quienes desarrollaron el sistema de manejo de pasturas.

“Cuando el pasto crece hay más hojas y más minerales, y por ende la vaca consume más alimento y esto ayuda a una mayor cantidad de producción de leche y mejor calidad; también, ayuda a disminuir el metano porque el alimento tiene más nutrientes y minerales”, explica el profesor Giraldo.

El método sostenible ayuda a conservar y recuperar tanto la biodiversidad en los terrenos de pastos como la fertilidad del suelo para suministrar los alimentos al ganado.

“En los resultados pudimos ver que con el nuevo sistema los animales mejoran la producción de leche, ya que cada vaca aumenta 1,36 litros por ordeño, y también disminuye la emisión de gas metano en un 27 %”, asegura el investigador Paz.

Consumo de pasto                                          

El proceso consistió en dejar crecer el pasto hasta los 15, 20, 25 y 30 cm en parcelas de un 1 m2 y después cortarle el 50 % para simular el consumo de pasto por los animales cuando ingresan a los potreros.

Tanto en el tratamiento convencional como en el nuevo método se evaluaron 6 vacas, 12 en total, durante 7 meses. En un sistema de pastoreo tradicional lo normal es que haya máximo 3 vacas, detallan los expertos.

“En un pastoreo tradicional, a 10 cm del suelo, el pasto tarda entre 30 y 35 días para recuperarse, mientras que en nuestra propuesta, cuando las vacas entran a un potrero con pasto de 20 cm de altura consumen la mitad (indicador para retirar a los animales), y el pasto rebrota a los 12 días”, explica el profesor Giraldo.

El campesino puede medir la altura de los pastos con sus botas de caucho, parándose en los terrenos y mirando cuándo las pasturas están a la altura ideal para dejar entrar el ganado.

“Con ese tiempo de recuperación, este tipo de pasto tiene más proteína. Los ganaderos trabajamos muy al ojo, pero podemos utilizar estas capacitaciones para renovar nuestro manejo de pasturas o ganado”, comenta el productor Herman Darío Arango.

Así mismo, María Cecilia Posada, también productora de vacas lecheras, indica que aplicará el sistema en la finca “porque es una forma muy sencilla de implementarlo y de medirlo con las botas”.

En el proceso digestivo de las vacas se produce de manera natural el gas metano (CH4), el cual aporta a las emisiones GEI en el país. El nuevo sistema de pastoreo ayuda a disminuir los gases que expulsa el animal.

A las vacas se les coloca un “collar” que permite medir el metano entérico que emiten. “Para recoger ese gas le ponemos un collar al vacío, que tiene una manguerita muy cerca de la boca y la nariz”, explica el profesor Giraldo.

Después, al quitar el collar, se puede medir cuántos gramos de metano entérico emite una vaca en un día. Al respecto, la investigación arrojó que en la Estación Agraria Paysandú hubo una disminución en la liberación de metano entérico en un 28 %, aproximadamente.


El mismo ensayo se evaluará en las fincas de los municipios antioqueños que forman parte de la cuenca lechera más grande del país, entre ellos San José de la Montaña, San Pedro de los Milagros, Santa Rosa de Osos y Yarumal.