viernes, 26 de junio de 2026

Astrónomo de la UNAL lideró misión de la NASA que captó tres explosiones solares

 El físico Juan Camilo Buitrago Casas, magíster en Astronomía de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), lideró el lanzamiento de un cohete de la NASA que logró captar simultáneamente tres fulguraciones solares de baja intensidad. El hito permitirá entender mejor cómo se originan estas explosiones y mejorar las tecnologías que vigilan la actividad del Sol.

La misión se desarrolló en el marco del programa The Focusing Optics X-ray Solar Imager (Foxsi), dedicado a estudiar la actividad solar mediante telescopios especializados en rayos X.

El cohete despegó el pasado 14 de mayo desde la base Poker Flat Research Range, en Fairbanks (Alaska), luego de dos semanas de espera en las que el equipo científico aguardó la aparición simultánea de varias fulguraciones solares para poner a prueba la capacidad del instrumento.

La oportunidad llegó cuando los investigadores detectaron tres pequeñas fulguraciones solares ocurriendo simultáneamente, un escenario poco frecuente y especialmente valioso para probar el instrumento.

“Solo hasta el jueves pasado, dentro de nuestra ventana de lanzamiento, ocurrieron tres fulguraciones pequeñas al mismo tiempo. Entonces fue cuando decidimos iniciar el conteo regresivo y lanzar”, explica el astrónomo.

Durante el vuelo, el cohete salió temporalmente al espacio, registró información sobre las explosiones solares y posteriormente regresó a la Tierra sin entrar en órbita.

Dicho tipo de trayectorias, conocidas como “vuelos suborbitales”, permiten realizar observaciones científicas durante cortos periodos fuera de la atmósfera.

La misión también sirvió para evaluar nuevas tecnologías de observación solar. Tras completar el vuelo y recopilar la información científica, el cohete aterrizó en una zona montañosa de Alaska, en donde fue recuperado por un helicóptero y trasladado nuevamente al centro de operaciones para iniciar la descarga y el análisis de los datos.

“Los datos que recogimos en vuelo son de buena calidad”, señala el experto Buitrago, quien desde hace varios años participa en el proyecto Foxsi y antes estuvo en otros 4 lanzamientos de este programa científico de la NASA.

El resultado es especialmente importante porque en 2024 Foxsi logró observar una fulguración solar de gran magnitud, mientras que las explosiones pequeñas siguen siendo mucho más difíciles de detectar y estudiar.

La nueva misión representa un avance importante para la observación de fulguraciones solares de baja intensidad.

“Volar en tres fulguraciones pequeñas que ocurrían al tiempo nos completa la historia. Nos habla de que la tecnología que estamos volando es capaz de observar tanto fulguraciones grandes como pequeñas, todas con el mismo instrumento”, afirma el investigador.

Las fulguraciones solares son liberaciones explosivas de energía procedentes del Sol que pueden generar eyecciones coronales de masa, es decir nubes de plasma capaces de alterar comunicaciones satelitales, redes eléctricas y sistemas tecnológicos en la Tierra.

Comprender estos fenómenos permitiría reaccionar con mayor rapidez ante eventos solares extremos y reducir posibles impactos tecnológicos.

La misión Foxsi es liderada por las Universidades de Minnesota y de California en Berkeley, junto con más de 90 científicos e ingenieros de diferentes países.

Durante el vuelo se utilizaron telescopios de rayos X y ultravioleta capaces de registrar información de alta resolución sobre la actividad solar.

Aunque los resultados preliminares son positivos, el análisis científico apenas comienza. El equipo deberá trabajar durante meses en procesos de calibración y estudio de datos para interpretar el comportamiento de las fulguraciones registradas durante la misión.

“Aún tenemos un montón de trabajo por hacer. Serán meses de trabajarle a los datos de calibración pre y posvuelo para entender las medidas que tomamos y analizar mejor qué podemos aprender de las tres fulguraciones solares que vimos en vuelo”, concluye el físico y magíster de la UNAL.




viernes, 12 de junio de 2026

¿Cómo innovar en educación sin perder la calidad académica?

 Expertos reunidos en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) coincidieron en que innovar ya no significa solo incorporar tecnología, sino transformar las formas de enseñar y aprender sin renunciar al rigor académico.

La inteligencia artificial (IA), los cambios en la forma de aprender de las nuevas generaciones y la necesidad de construir modelos educativos más flexibles están llevando a las universidades a replantear viejas certezas.

La reflexión se dio durante el encuentro “Situar la innovación académica: prácticas, saberes y territorios en la UNAL”, organizado por la Dirección Nacional de Innovación Académica (DNIA).

Durante la jornada, docentes, directivos y académicos coincidieron en que la innovación universitaria ya no se puede limitar al uso de herramientas tecnológicas o plataformas digitales: “el reto ahora es transformar las formas de enseñar y aprender sin sacrificar la excelencia académica que históricamente ha caracterizado a la Institución”, señalaron.

“La innovación no puede pasar por encima de ese hilo conductor de la excelencia”, afirmó la profesora Ana Maritza Cristancho García, directora de la DNIA.

Advirtió además que “la Universidad también necesita ser más flexible paradigmáticamente para responder a las nuevas dinámicas sociales, culturales y tecnológicas que hoy atraviesan a los estudiantes”.

Uno de los temas centrales del encuentro fue el cambio generacional y la manera en que los jóvenes se relacionan hoy con el conocimiento.

Los participantes consideran que las nuevas generaciones crecieron en ecosistemas digitales en los que las decisiones son inmediatas y personalizadas, una lógica que contrasta con estructuras educativas rígidas y tradicionales.

“Las expectativas de los jóvenes de hoy son muy distintas”, señaló el profesor Juan Pablo Duque Cañas, director Nacional de Programas de Pregrado.

Según manifestó, muchos estudiantes ya no perciben la educación superior como una garantía automática de bienestar o de movilidad social, sino como una experiencia que debe tener sentido personal y humano.

El directivo fue más allá y planteó una reflexión que atravesó buena parte del encuentro: “parece que el conocimiento ya no emociona a nadie”.

A su juicio, uno de los grandes desafíos de la educación superior consiste en recuperar el placer por aprender y evitar que el paso por la academia se convierta solo en una herramienta para obtener mejores condiciones laborales.

En este mismo sentido, la discusión también puso sobre la mesa una autocrítica institucional frente a las dificultades para transformar los modelos pedagógicos universitarios.

Para algunos participantes, aunque la tradición académica de la UNAL ha sido fundamental para consolidar su liderazgo, también se puede convertir en una barrera para impulsar cambios.

Refiriéndose a los obstáculos normativos y administrativos que dificultan nuevas propuestas académicas, la profesora Cristancho expresó que “hay muchos, no para incorporar cosas”.

Según indicó, “existen ideas como la educación asistida por la virtualidad que no logran avanzar porque ‘el estatuto no lo permite’ o porque ciertos procesos aún no están contemplados dentro de la estructura institucional”.

Otro eje de la conversación fue el papel de los territorios y de las Sedes de Presencia Nacional en la construcción de nuevas formas de enseñanza.

Para los participantes, la expansión territorial de la UNAL representa una de las mayores transformaciones académicas de las últimas décadas.

“Que la UNAL tenga presencia nacional es una macroinnovación. Pensar cómo la universidad más grande de la nación puede llegar al territorio y reconocer todas sus particularidades sin negociar sus principios básicos es una innovación enorme que todavía debemos seguir investigando, sistematizando y aprendiendo”, dijo la académica.

Innovar también implica transformar la enseñanza

La discusión también abordó la necesidad de fortalecer la reflexión pedagógica dentro de la Universidad.

Durante el encuentro, el profesor José Ismael Peña Reyes, rector de la UNAL, afirmó que “gran parte de los docentes construyen sus prácticas de enseñanza desde su experiencia disciplinar e investigativa, pese a que muchos no han tenido procesos formales de formación pedagógica”.

En ese sentido, destacó que “en la UNAL la innovación académica no se puede entender desde un único modelo educativo, sino desde múltiples maneras de construir conocimiento según los contextos, las disciplinas y las relaciones que se tejen con los estudiantes”.

La IA también ocupó un lugar central en las discusiones. Lejos de plantear una postura alarmista, los participantes coincidieron en que la IA representa un reto pedagógico y ético que se debe asumir crítica y responsablemente.

“Pensar que la IA es un monstruo y que hay que oponerse a ella es un absurdo. La IA llegó con todos los retos que eso implica. Ahora tenemos que interpretar para qué nos puede servir, sin reemplazar la necesidad del ser humano de enfrentarse a problemas, analizarlos y tomar decisiones”, afirmó el profesor Duque.

Más allá de las diferencias de enfoque, el encuentro dejó una idea compartida: la innovación académica no se puede entender solo como modernización tecnológica, sino que también implica revisar las relaciones entre profesores y estudiantes, reconocer nuevas formas de aprender y construir una universidad más flexible, conectada con los territorios y abierta a las transformaciones sociales.