En el corazón del Cesar se está gestando una revolución narrativa: mientras el mundo corre tras la inmediatez, los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz se detienen a escuchar el latido de la tierra. ¿El secreto? La asignatura de Periodismo Cultural, que solo se ofrece en esta Sede dentro de la carrera de Gestión Cultural y Comunicativa, está transformando las aulas en laboratorios de identidad.
El propósito es que los futuros profesionales
comprendan las realidades culturales desde sus orígenes y las divulguen.
En ese proceso, el periodismo se convierte en una herramienta para empoderar a
las comunidades, visibilizar problemas que suelen pasar desapercibidos y
fortalecer la participación ciudadana desde lo local. También aporta a la
construcción de memoria, promueve el diálogo entre saberes y acerca la
información veraz sobre dinámicas que impactan la vida cotidiana.
“Esta asignatura fortalece los géneros informativos del
periodismo fuera de los salones de clase habituales. A través de salidas de
campo semestrales, los estudiantes —especialmente de octavo— logran visibilizar
saberes ignorados, contar historias de formas distintas, romper el molde
convencional y comprender la cosmovisión regional para narrarla con respeto y
profundidad en una crónica o un documental”, afirma el docente James León
Parra.
La salida de campo más reciente fue un encuentro de mundos.
El asentamiento Maruámake —ubicado al norte de Valledupar, junto al río
Guatapurí y en medio de la Sierra Nevada de Santa Marta— abrió sus puertas para
compartir su gastronomía, artesanías y visiones ancestrales. Allí habita el
pueblo Kogui-Malayo, nombre que se traduce como “la verdadera gente”, una
comunidad que ha resistido los cambios de su entorno y conserva una profunda
relación espiritual con el territorio.
De esta experiencia surgen proyectos de alto impacto como el
reportaje “Guardianas de la Línea Negra”, de las estudiantes Karoll Gutiérrez y
Vanessa Poveda, en el cual ellas se adentrarán en los Puntos de Pagamento,
lugares sagrados fundamentales para el equilibrio natural y espiritual del
resguardo Kogui-Malayo que hoy enfrentan procesos de intervención y olvido.
“Nos llamó la atención porque en la Plaza Alfonso López de
Valledupar existen Puntos de Pagamento sobre los cuales se construyeron la
iglesia y el convento, ignorando su valor consagrado”, anota la estudiante
Gutiérrez manifestando su interés por la situación jurídica de la Línea Negra.
En 2018 el Decreto 1500 delimitó la Línea Negra abarcando
territorios de Cesar, La Guajira y Magdalena con cerca de 30 municipios como
Valledupar, Pueblo Bello, Santa Marta y Riohacha. El pasado 12 de febrero el
Consejo de Estado anuló el Decreto por fallas en su trámite, lo que ha generado
preocupación sobre la protección de estos territorios sagrados.
“Tenemos el importante reto de visibilizar la visión de un
pueblo mediante testimonios y voces directas, y así contribuir de alguna manera
a su protección”, agrega.
La estudiante Isela Mieles considera que “estos espacios
formativos son el puente entre la teoría y la realidad étnica del departamento,
por eso agradezco inmensamente la apuesta de la Sede de La Paz por llevarlos
más allá del aula y brindarnos estas oportunidades, pues aquí no venimos
simplemente a redactar hechos de escritorio, sino que llegamos hasta los
lugares en donde se respiran las tradiciones y las narramos desde sus raíces.
Es un privilegio habitar la región para entenderla antes de contarla”.
“Esta formación ha sido muy valiosa en mi proceso
profesional: hoy estoy escribiendo la historia de Germán Cuello, un odontólogo
de la etnia Kogui que decidió formarse para regresar a servir a su comunidad.
Su trayectoria, marcada por el compromiso y la vocación, se convierte en un
ejemplo de transformación social desde el territorio”.
Cabe mencionar que detrás de cada historia hay un respaldo
técnico y humano. El semillero Sentipensantes se ha consolidado como un aliado
estratégico en este proceso, acompañando a los estudiantes en el manejo de los
equipos, las técnicas de entrevista, las producción audiovisual y la fotografía
narrativa, lo que permite que las historias no solo se cuenten bien, sino que
también se documenten con calidad profesional.
Más que una asignatura, en la UNAL Sede de La Paz el
Periodismo Cultural se ha convertido en una experiencia formativa que conecta a
los estudiantes con el territorio, les exige escuchar antes de narrar, y les
recuerda que las historias más poderosas nacen allí donde la cultura sigue
viva.




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