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lunes, 14 de septiembre de 2026

Mujeres indígenas replantean los roles de género desde sus saberes y su palabra

 ¿Quién cuida el fuego, prepara los alimentos o toma la palabra cuando una comunidad decide sobre su futuro? Mujeres indígenas de distintos pueblos amazónicos están llevando estas preguntas a la maloca para hablar de los roles que han heredado, las barreras que enfrentan para participar y los cambios que también involucran a los hombres. Saberes como la partería, el tejido, el manejo de la chagra y las plantas medicinales hacen parte de esta conversación.

En la Maloca Casa Hija de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, mujeres de diferentes comunidades se reúnen para poner en común sus experiencias y conocimientos, pero también para revisar aquellas normas sociales que durante generaciones han marcado qué tareas corresponden a mujeres y hombres y quiénes participan en las decisiones.

La iniciativa “Voces invisibles, voces no oídas” es impulsada por Clara Isabel Ávila Ramos, estudiante de la Maestría en Estudios Amazónicos de la UNAL. El punto de partida son las voces y los conocimientos de las propias mujeres sobre la vida comunitaria, aunque los hombres también entran en una conversación que cuestiona cómo se distribuyen las responsabilidades, los cuidados y los espacios de participación.

“Buscamos que la palabra de la mujer sea escuchada y que este espacio en la universidad quede abierto para futuras charlas, donde se transmitan saberes tradicionales como la partería y el tejido de canastos”, explica la investigadora.

En la maloca, la conversación pasa de la palabra a prácticas y conocimientos concretos: partería, plantas medicinales, chagra y tejidos, pero también a las experiencias de las mujeres y a las condiciones que favorecen o restringen su participación en las decisiones familiares, comunitarias y políticas.

De la palabra a la participación

Para Tránsito Rodríguez, Kiñedekago —“La Flor de la Piña”—, sabedora Muinane del clan Piña, estos encuentros reúnen las voces de mujeres de distintos pueblos alrededor de conocimientos transmitidos de generación en generación.

“Aquí no vamos a ver ni clanes, ni colores, ni raza, aquí vamos a hablar de palabra de la mujer. Que la palabra de la mujer es fría, es dulce, es tranquila, ella da la paz al mundo”, afirma. Para ella, esa palabra puede reunirse “en un solo canasto, en una sola mochila” para ser compartida con otras mujeres.

Cambiar los roles también implica a los hombres

La discusión no se queda en abrir nuevos espacios para las mujeres. También pregunta qué tendrían que transformar los hombres para que esa participación sea posible. Uno de los resultados de los encuentros permite verlo: un mural colectivo en el que los roles cotidianos empiezan a cambiar.

En la obra aparecen la maloca, el fuego, los alimentos, los tejidos, la chagra, las plantas medicinales, la partería y el abuelo que mambea. Junto a ellos, los hombres preparan alimentos y cuidan el fuego, labores tradicionalmente asociadas con las mujeres.

Para Ana María Vargas, profesora de Sociología del Derecho de la Universidad de Lund (Suecia), quien acompaña el proceso, el mural permite hacer visible las normas sociales que determinan lo que se espera de mujeres y hombres.

“Las normas sociales son las expectativas de lo que nosotros debemos ser como mujeres o como hombres”, enfatiza.

Desde su perspectiva, el arte puede contribuir a imaginar otras formas de relacionamiento. “La mujer en el centro toma la palabra, pero para que esto cambie se necesita que el hombre también cambie. Se necesita que el hombre cuide del fuego, cuide de los alimentos”, señala la docente. Así, el mural traduce en imágenes una conversación que busca cuestionar aquello que durante generaciones se ha asumido como establecido.

Los tejidos elaborados por las participantes también hacen parte de esta construcción colectiva. Ivonne Maritza Chota Meléndez, integrante del resguardo indígena San Sebastián de los Lagos, destaca cómo estos saberes permiten reunir a mujeres de diferentes comunidades:

“Estaremos hablando sobre tejidos que elaboramos con nuestras manos, madres indígenas de los resguardos, diferentes resguardos. Hoy es un encuentro muy bello en esta maloca”.

En la Maloca Casa Hija los conocimientos transmitidos tradicionalmente en las familias entran en diálogo con la academia, mientras la investigación participativa permite que las propias comunidades intervengan en la discusión de los problemas que las atraviesan.

La iniciativa cuenta con la participación del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri) de la UNAL, la Fundación ICLD y la Universidad de Lund. El trabajo también indaga por las barreras que enfrentan las mujeres indígenas para participar políticamente y pone sus experiencias en diálogo con las de comunidades de otros territorios, entre ellas las de Panajachel, Guatemala.

Según Sergio Lesmes, antropólogo del Iepri, una de las apuestas es que la conversación tenga continuidad después de los encuentros. “Estamos averiguando cuáles son las barreras y las dificultades que tienen las mujeres para poder participar políticamente”, explica. El propósito, añade, es “dejar este espacio como un legado, como un espacio vivo para que las mujeres de Leticia, de la Universidad y de las comunidades alrededor puedan seguir encontrándose para poder pensarse el futuro juntas”.