jueves, 10 de septiembre de 2026

Herramienta de datos orienta decisiones de la Universidad Nacional de Colombia tras el terremoto

 Identificar qué integrantes de una comunidad universitaria podrían estar relacionados con los territorios afectados por una emergencia requiere cruzar miles de registros y convertirlos rápidamente en información útil. Una herramienta desarrollada por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) permitió establecer que 8.960 de sus estudiantes proceden de municipios con amenaza sísmica alta, ubicados en los departamentos priorizados después del terremoto del 10 de agosto.

El tablero les ofrece a las directivas y dependencias autorizadas información organizada por sede, facultad, programa académico, departamento y municipio de procedencia. Con estos datos pueden delimitar la población que debe ser consultada, realizar acercamientos y orientar sus decisiones a partir de las necesidades que encuentren.

La cifra no significa que los 8.960 estudiantes hayan sido afectados ni que todos requieran apoyo. La herramienta tampoco sustituye el contacto directo con ellos. Su aporte consiste en reducir un universo de más de 55.000 registros y señalar por dónde podrían comenzar las acciones de las direcciones académicas y de bienestar.

Desarrollado por la Oficina de Planeación y Estadística de la UNAL Sede Bogotá, el tablero forma parte de una apuesta institucional por aprovechar los datos disponibles para responder preguntas concretas y apoyar la toma de decisiones.

“Empezamos a construir tableros de información que permitan ayudar a la toma de decisiones a partir de la información estadística”, explica Geraldo Millán Cuervo, jefe de Planeación de la Sede Bogotá.

Tres fuentes para delimitar la información

Para construir la herramienta se partió de la base preliminar de estudiantes matriculados durante el primer semestre de 2026, suministrada por la Dirección Nacional de Planeación y Estadística. Esta información se cruzó con los departamentos incluidos en el Decreto 1171 del 11 de agosto de 2026 y con la clasificación municipal del Reglamento Colombiano de Construcción Sismorresistente, conocido como NSR-10.

El decreto declaró por doce meses la situación de desastre nacional en Antioquia, Caldas, Cauca, Chocó, Quindío, Cundinamarca, Risaralda, Huila, Valle del Cauca, Tolima, Putumayo y Norte de Santander, además de los demás territorios que resultaran afectados.

La medida se tomó después del terremoto de magnitud 7,4, ocurrido el 10 de agosto a las 7:34 de la mañana, con epicentro en San José del Palmar, Chocó. Los reportes preliminares incluidos en el decreto daban cuenta de afectaciones en 330 municipios y señalaban que las capacidades de algunas administraciones territoriales habían sido desbordadas.

Una vez establecidos los departamentos, se identificaron sus municipios clasificados por la NSR-10 con amenaza sísmica alta. La norma contempla tres niveles, alta, intermedia y baja. En esta primera aproximación se eligió el nivel alto para obtener un grupo más acotado y útil para la respuesta inicial de la Universidad.

“Es un tablero de aproximación de información. Por eso no hay encuestas, sino que partimos de la información que tenemos”, señala Millán.

El cruce permitió pasar de una base de 55.261 matriculados a 8.960 estudiantes procedentes de los municipios seleccionados. De los registros disponibles, 155 no incluyen departamento ni municipio de procedencia.

Del dato general a posibles acciones

La herramienta permite aplicar filtros por sede, facultad, programa, nivel de formación, género, modalidad de admisión, estrato y lugar de procedencia. Este último corresponde al departamento, municipio o ciudad que el estudiante registró como su procedencia y no necesariamente al lugar donde nació o estudia actualmente.

Así, un estudiante matriculado en Bogotá, Medellín o Palmira puede conservar vínculos familiares y económicos con alguno de los territorios afectados. Conocer esta relación les permite a las dependencias universitarias establecer contactos más focalizados y comprender mejor las consecuencias que la emergencia podría tener sobre su vida académica.

Cada sede determina las acciones que puede desarrollar a partir de los datos. Entre ellas se encuentran el envío de comunicaciones, la programación de llamadas y la consulta directa sobre las condiciones de los estudiantes y sus familias.

La información no define de antemano qué debe hacerse ni clasifica a los estudiantes como damnificados. Permite saber a quiénes consultar para que las decisiones posteriores respondan a situaciones verificadas.

“Cada particularidad es distinta”, advierte Millán. Las necesidades de una Sede con más de 3.000 estudiantes incluidos en el tablero pueden ser muy diferentes de las de otra que registra unas pocas decenas.

Manizales es la Sede con el mayor número de estudiantes identificados, con 3.949. Le siguen Palmira con 2.345, Bogotá con 1.360 y Medellín con 1.217. En Tumaco se registran 58, en Amazonia 28, en La Paz 2 y en Orinoquia 1.

Por facultades, Ingeniería y Arquitectura de Manizales reúne 2.125 estudiantes. Ingeniería y Administración de Palmira registra 1.371, Administración de Manizales 1.168 y Ciencias Agropecuarias de Palmira 811.

Caldas encabeza los departamentos de procedencia con 3.530 estudiantes, seguido por Valle del Cauca con 2.375, Putumayo con 603, Cauca con 567 y Antioquia con 519.

En el nivel municipal, Manizales presenta la mayor cifra con 2.757 estudiantes. Después aparecen Villamaría con 332, Chinchiná con 126 y Riosucio con 73.

Una apuesta por decidir con evidencia

El tablero desarrollado después del terremoto forma parte de un conjunto de herramientas creadas por la Oficina de Planeación y Estadística para organizar, analizar y aprovechar la información institucional.

“Nuestra principal fuente de datos, indudablemente, es la Dirección Nacional de Planeación, que proporciona el dato oficial en muchos de los campos”, destaca Millán.

Entre los desarrollos se encuentran Sede en Cifras, Indicadores Estratégicos, Sede en Contexto, OPData y la plataforma de registro de informes de gestión. Estas herramientas permiten consultar tendencias históricas, comparar información entre facultades, relacionar variables y hacer seguimiento a diferentes procesos universitarios.

Otras, como la creada después del terremoto, cruzan bases institucionales con fuentes externas para responder a una necesidad específica.

“Todas estas herramientas buscan apoyar a las diferentes dependencias y a los tomadores de decisiones para que encuentren los datos que necesitan”, asegura el jefe de Planeación.




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