¿Quién cuida el fuego, prepara los alimentos o toma la palabra cuando una comunidad decide sobre su futuro? Mujeres indígenas de distintos pueblos amazónicos están llevando estas preguntas a la maloca para hablar de los roles que han heredado, las barreras que enfrentan para participar y los cambios que también involucran a los hombres. Saberes como la partería, el tejido, el manejo de la chagra y las plantas medicinales hacen parte de esta conversación.
En la Maloca Casa Hija de la Universidad Nacional de
Colombia (UNAL) Sede Amazonia, mujeres de diferentes comunidades se reúnen para
poner en común sus experiencias y conocimientos, pero también para revisar
aquellas normas sociales que durante generaciones han marcado qué tareas
corresponden a mujeres y hombres y quiénes participan en las decisiones.
La iniciativa “Voces invisibles, voces no oídas” es
impulsada por Clara Isabel Ávila Ramos, estudiante de la Maestría en Estudios
Amazónicos de la UNAL. El punto de partida son las voces y los conocimientos de
las propias mujeres sobre la vida comunitaria, aunque los hombres también
entran en una conversación que cuestiona cómo se distribuyen las
responsabilidades, los cuidados y los espacios de participación.
“Buscamos que la palabra de la mujer sea escuchada y que
este espacio en la universidad quede abierto para futuras charlas, donde se
transmitan saberes tradicionales como la partería y el tejido de canastos”,
explica la investigadora.
En la maloca, la conversación pasa de la palabra a prácticas
y conocimientos concretos: partería, plantas medicinales, chagra y tejidos,
pero también a las experiencias de las mujeres y a las condiciones que
favorecen o restringen su participación en las decisiones familiares,
comunitarias y políticas.
De la palabra a la participación
Para Tránsito Rodríguez, Kiñedekago —“La Flor de la Piña”—,
sabedora Muinane del clan Piña, estos encuentros reúnen las voces de mujeres de
distintos pueblos alrededor de conocimientos transmitidos de generación en
generación.
“Aquí no vamos a ver ni clanes, ni colores, ni raza, aquí
vamos a hablar de palabra de la mujer. Que la palabra de la mujer es fría, es
dulce, es tranquila, ella da la paz al mundo”, afirma. Para ella, esa palabra
puede reunirse “en un solo canasto, en una sola mochila” para ser compartida
con otras mujeres.
Cambiar los roles también implica a los hombres
La discusión no se queda en abrir nuevos espacios para las
mujeres. También pregunta qué tendrían que transformar los hombres para que esa
participación sea posible. Uno de los resultados de los encuentros permite
verlo: un mural colectivo en el que los roles cotidianos empiezan a cambiar.
En la obra aparecen la maloca, el fuego, los alimentos, los
tejidos, la chagra, las plantas medicinales, la partería y el abuelo que
mambea. Junto a ellos, los hombres preparan alimentos y cuidan el fuego,
labores tradicionalmente asociadas con las mujeres.
Para Ana María Vargas, profesora de Sociología del Derecho
de la Universidad de Lund (Suecia), quien acompaña el proceso, el mural permite
hacer visible las normas sociales que determinan lo que se espera de mujeres y
hombres.
“Las normas sociales son las expectativas de lo que nosotros
debemos ser como mujeres o como hombres”, enfatiza.
Desde su perspectiva, el arte puede contribuir a imaginar otras formas de relacionamiento. “La mujer en el centro toma la palabra, pero para que esto cambie se necesita que el hombre también cambie. Se necesita que el hombre cuide del fuego, cuide de los alimentos”, señala la docente. Así, el mural traduce en imágenes una conversación que busca cuestionar aquello que durante generaciones se ha asumido como establecido.
Los tejidos elaborados por las participantes también hacen
parte de esta construcción colectiva. Ivonne Maritza Chota Meléndez, integrante
del resguardo indígena San Sebastián de los Lagos, destaca cómo estos saberes
permiten reunir a mujeres de diferentes comunidades:
“Estaremos hablando sobre tejidos que elaboramos con
nuestras manos, madres indígenas de los resguardos, diferentes resguardos. Hoy
es un encuentro muy bello en esta maloca”.
En la Maloca Casa Hija los conocimientos transmitidos
tradicionalmente en las familias entran en diálogo con la academia, mientras la
investigación participativa permite que las propias comunidades intervengan en
la discusión de los problemas que las atraviesan.
La iniciativa cuenta con la participación del Instituto de
Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri) de la UNAL, la
Fundación ICLD y la Universidad de Lund. El trabajo también indaga por las
barreras que enfrentan las mujeres indígenas para participar políticamente y
pone sus experiencias en diálogo con las de comunidades de otros territorios,
entre ellas las de Panajachel, Guatemala.
Según Sergio Lesmes, antropólogo del Iepri, una de las
apuestas es que la conversación tenga continuidad después de los encuentros.
“Estamos averiguando cuáles son las barreras y las dificultades que tienen las
mujeres para poder participar políticamente”, explica. El propósito, añade, es
“dejar este espacio como un legado, como un espacio vivo para que las mujeres
de Leticia, de la Universidad y de las comunidades alrededor puedan seguir
encontrándose para poder pensarse el futuro juntas”.





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